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José Palomeque Delgado
Prelado y patriota

Lunes 16 Noviembre 2020 | 04:00

En estos momentos de grave crisis ética por la que atraviesa la patria de Montalvo y García Moreno, es urgente y necesario recordar a las nuevas generaciones de ecuatorianos los grandes valores y destacados personajes de nuestra nacionalidad que fueron paradigmas de civismo, patriotismo y honradez.

Uno de esos grandes valores de nuestra vida republicana es monseñor Federico González Suárez.
Nacido en Quito en 1844, perteneció a una brillante generación de ecuatorianos, de la cual fueron miembros, entre otros, Eloy Alfaro, Luis Felipe Borja, Abelardo Moncayo.
Notable clérigo y brillante historiador. Muy joven ingresó a la orden de los jesuitas, en donde adquirió una vasta ilustración humanística. En esta congregación religiosa estuvo 12 años. Es una de las figuras brillantes en la historia de la Iglesia católica ecuatoriana. En la Iglesia católica ocupó altas dignidades como obispo de Ibarra y arzobispo de Quito. Cuando se produjo la transformación liberal de 1895 y se implantaron las leyes liberales y la creación del Estado laico, González Suárez se opuso y manifestó su pensamiento a través de pastorales, exposiciones y documentos en donde condenó especialmente al laicismo en el campo de la educación. Cuando se produjo la rebelión armada del partido conservador al nuevo régimen presidido por el general Alfaro, la postura del prelado es patriótica y lanza la célebre frase “No se puede sacrificar la patria, por la religión” esto provocó muchas críticas en contra de su persona.
Fue el iniciador de los estudios arqueológicos que tuvo después notables exponentes como Jacinto Jijón y Emilio Estrada Icaza. Gran historiador, autor de varias obras que enriquecieron la bibliografía histórica de la nación. Entre las obras que salieron de su pluma, hay que destacar la historia de Ecuador. Una de sus frases favoritas fue la siguiente: “El alma de la historia, es la verdad”. Gran patriota, amó entrañablemente a su patria y así lo demostró en el año 1910, en aquel año se dio el problema territorial frente al Perú. Se formó en Quito una junta patriótica que estaba integrada por distinguidos ciudadanos, uno de ellos fue González Suárez. Cuando Ecuador casi se iba a la guerra con el Perú, lanzó la célebre frase: “Si ha llegado la hora que el Ecuador desaparezca, que desaparezca en el campo de batalla y no en los hilos de la diplomacia”.
Le tocó en los últimos años de su vida ser testigo de los graves y luctuosos acontecimientos de la guerra civil de 1912 y los asesinatos de altos jefes del radicalismo nacional.
Se ha querido señalar al ilustre prelado como uno de los cómplices de estos execrables crímenes y la verdad histórica es que estos actos vergonzosos fueron el colofón de una lucha fratricida. 
 
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