Actualizado hace: 50 minutos
El encanto de escribir
El encanto de escribir
Por: Mariasol Pons C.
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Martes 22 Septiembre 2020 | 04:00

Terminé de escribir una novela hace poco, el tiempo que la escritura acapara de la vida es quizá superior al que estoy dispuesta a darle intencionalmente, pero cuando la escritura es vida, es imposible restarle tiempo pues la existencia entonces perdería encanto.

Pese a todo el negativismo y el miedo propio del encierro, la novela me mantuvo anclada en otra realidad que me permitió avanzar sin que esos sentimientos me invadieran por completo; aunque no puedo negar que hubo momentos de abatimiento. El proceso de la novela es particular en el sentido de que uno llega al fin casi sin saberlo, de pronto la ruta se acabó y el vehículo no rueda más y así es como uno sabe que la historia concluyó. Yo escribo ficción, por tanto el camino es incierto; no escribo con un plan literario, escribo más por intuición y con los años he aprendido a utilizar herramientas que me facilitan el orden de detalles propio de relatar vidas ajenas. Explorar vidas ajenas con respeto e irrespeto a los personajes, el respeto de dejarlos fluir y el irrespeto de contar todo sobre ellos.
Escribir opinión no es siempre divertido, se puede no coincidir en los temas que interesan a los lectores y hay artículos “flojos” donde hay demasiado por ahondar y poco espacio para hacerlo. Intento opinar por escrito como opinaría en una conversación, para ser lo más franca posible desde la humildad de compartir reflexiones que solo son mi opinión y no verdades absolutas, es parte de ser respetuoso con el lector.
Quizá este artículo estará presente para animar a personas que tienen interés en escribir no solo cuentos, sino novelas, historia, biografías y no se animan porque el mercado no es atractivo; con eso vuelvo al tema de una existencia con encanto. No todo tiene que tener un mercado inmediato, este puede irse desarrollando, pero el ejercicio de escribir para quien tiene la compulsión debe ser atendido continuamente para un proceso de mejora. Durante la pandemia, Rosa Montero hacía un Live por Facebook todos los sábados, nos conectábamos cerca de 300 personas con una cantidad importante de interacción. Ella abrió su mundo personal a un grupo grande de personas que buscaba una luz para crear literatura. Además de todo lo que pude aprender de escucharla y observarla en esos intercambios, su gesto de generosidad me encantó. No era exclusivamente para escribir o para leer, era para nutrir el espíritu. Eso me queda siempre de la escritura, no es un ejercicio estricto de aprendizaje cognitivo, sino de enriquecimiento personal.
 
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