Actualizado hace: 15 minutos
Fabio Martínez
El mundo que vendrá

Durante el período de aislamiento social, el mundo ha visto cómo los animales han comenzado a salir de sus madrigueras.

Viernes 01 Mayo 2020 | 04:00

Por las calles de las ciudades, la cámara del celular ha detectado osos, focas, linces, pájaros y leones marinos. Las montañas y volcanes están despejados, los mares han recobrado su color azul, y los ríos corren limpios y cristalinos. Mientras el ser humano está confinado luchando contra una pandemia, la naturaleza ha vuelto a salir entre las cenizas.

Aquí surgen más preguntas que respuestas: ¿qué pasó con el ser humano? ¿Será que sobramos en el mundo? ¿Por qué no fuimos capaces de prever una catástrofe de estas dimensiones? La respuesta es una sola: nos hemos olvidado de la naturaleza.
En los últimos cincuenta años, el ser humano se ha dedicado a crear un mundo material, de producción y consumo exacerbados, dejando a un lado la naturaleza. Los descubrimientos científicos y tecnológicos, en muchos casos, no apuntan a resolver los problemas humanos, ni mucho menos a cuidar y proteger su ecosistema. La ambición desenfrenada y la voracidad de los mercados han separado al ser humano de su entorno natural.
Desde el virus del SARS (síndrome respiratorio agudo grave), que se detectó en Asia en febrero de 2003 y mató a unas setecientas personas, ya se preveía la llegada de una pandemia de proporciones mayores. Pero los dirigentes políticos, en vez de fortalecer sus sistemas de salud, corrieron a privatizarlos, convirtiendo la salud en una mercancía.
Es una verdad de Perogrullo que después del COVID-19 el mundo será otro. La primera lección que debemos sacar de esta crisis es que el mundo no debe abandonar la naturaleza.
Los esfuerzos científicos y tecnológicos no deben apuntar a explotar la selva, los bosques, los ríos, las montañas y los animales, sino que cualquier acción de intervención debe tener en cuenta el equilibrio entre el ser humano con el ecosistema. ¿Qué sacamos con tener más petróleo, y por lo tanto más autos y más aviones, si luego la naturaleza nos cobra esto con creces?
Después de la experiencia del COVID -19, el mundo debe ser más humano y solidario. Necesitamos volver a una filosofía humanista, y menos individualista. Los desarrollos científicos y tecnológicos deben ir encaminados a la preservación del ser humano, y no a su destrucción. La ciencia y la tecnología deben estar del lado de la naturaleza, y no contra ella.
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