Actualizado hace: 45 minutos
Guido Álava Párraga
Un post necesario

Siempre se ha dicho que el pasado, con las grandes crisis (desastres naturales, pestes) enseña al ser humano a entender cuán vulnerables somos. Nadie imaginó que una ultramicroscópica partícula biológica nominada COVID-19, invisible al ojo humano, pudiera crear el pánico y zozobra más espectacular a nivel planetario, con unos efectos colaterales jamás registrados en la historia de la humanidad que abarcan los aspectos sociales, económicos y psicológicos por un tiempo hasta ahora impredecible.

Miércoles 29 Abril 2020 | 04:00

Preocupa saber que cada vez que hemos superado una situación de crisis, las lecciones aprendidas nos duran muy poco, días a meses y luego borrón y cuenta nueva.
Es de anhelar que ahora no ocurra de esta penosa forma, que más bien nos dispongamos a entender algunos absolutos, tales como que la enfermedad y la muerte no se identifican con raza, religión, ideología política ni estatus económico (todos vamos a morir un día, sin la vacuna el 60 %  de la población de cada país será contagiado) de la misma manera es y será imprescindible tomar esta circunstancia como la oportunidad valiosa para que los gobernantes de las naciones entiendan de una vez por todas que el acceso a los servicios de salud óptimos, eficaces y preparados para las contingencias debe tener de ellos un interés preeminente de propia iniciativa, convenciéndose de que los presupuestos de la salud no son gastos, sino inversión.
De nuestra parte, debemos aceptar que estamos capacitados y equipados para vivir alejados de toda necedad, pereza y pesimismo, expresemos desde ahora la firme voluntad de ser más entendidos en conocimientos básicos de nuestra salud, de nuestra parte espiritual, de los estilos de vida de una ética elevada, que a la postre nos lleve a ser más solidarios con toda persona, más empáticos, más pacificadores, más mansos, más humildes y así mismo alejar de nuestro interior esos pensamientos y sentimientos negativos de envidia, codicia, avaricia y todo aquello que vaya en contra del crecimiento integral de nuestras vidas. Que las futuras páginas de la historia nos reconozcan como generaciones sabias que aprendieron de esta terrible pandemia.
Meditemos una y otra vez y hagámoslo, no sea que esta circunstancia llegue a ser una de las experiencias más aleccionadoras de nuestra existencia cuando la vida nos pase una factura catastrófica como nunca antes. ¡Sí!, hagámoslo para que esta permanencia obligada que tuvimos en nuestros hogares haya sido el mejor impulso que nos lleve a un nivel más alto de autoanálisis, conciencia plena de nuestro egoísmo, de la indiferencia con los necesitados, de los resentimientos y odios con nuestro prójimo. Si lo hacemos ya no seremos ciudadanos apostando a la mediocridad y a vidas vividas sin propósitos nobles. Dios quiera que esto último no ocurra.
 
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