Actualizado hace: 11 minutos
La Agente
Pasó de canillita a agente de tránsito

Cuando inició en el negocio tenía miedo. Vender diarios temprano en la mañana no era lo que había soñado, sin embargo era una opción.

Miércoles 27 Marzo 2019 | 04:00

 Lisbeth  Guerrero necesitaba generar recursos para atender a su pequeña niña, de la que es madre y padre. Así, con su quiosco ambulante se instaló en la avenida Guayaquil y calle Rocafuerte, donde entregaba las noticias. 

En ocasiones gritaba los titulares, pues quería cumplir una buena labor. Recuerda que empezó con 40 ejemplares. Rápidamente le cogió el golpe a la actividad y meses después, gracias a sus ganas y estrategias, ya despachaba 100 periódicos en la mañana; sin embargo, señala, la venta de diarios más allá de que le permitió salir de la urgencia económica, le ayudó a tener contacto con la gente, a probar la vida en las calles y observar el intenso tránsito vehicular que Portoviejo soporta cada día. En definitiva, menciona, la experiencia fue lo más valioso en esta labor de canillita.
 
De agente. Agrega que su vida seguía con normalidad. Necesitaba un trabajo con mayor remuneración y una mañana, en el mismo El Diario que ella vendía, vio la noticia de que la empresa pública de tránsito,  Portovial, requería personal para empezar a formar la nueva brigada de agentes civiles de tránsito (ACT) que se encargaría de ordenar la ciudad.
Entonces, como Lisbeth ya les había tomado el pulso a las calles, no lo dudó, sabía que esa era la oportunidad que estaba buscando y decidió enviar una carpeta con sus datos para seguir el proceso de preparación, el cual duró cerca de un año.
“El amor por mi hija y procurar un mejor futuro me motivaron a asumir este reto”, señala Lisbeth, quien ahora se muestra muy orgullosa de lo que hace.
A la flamante agente civil de tránsito se la encuentra en las calles, correctamente uniformada, equipada con un pito, radio transmisor y toda la indumentaria que se requiere. 
Con mucha decisión ordena el tránsito en la calurosa Portoviejo. Dice que en estos primeros días de labores en las vías de la capital ha podido aportar con la capacitación a cientos de conductores con quienes a diario trata. Asegura que se siente contenta porque desde esta actividad puede aportar al desarrollo vial de la ciudad, y que de a poco los usuarios van adaptándose a la presencia de los ACT.
A sus 23 años, y ya con Nasly Lisbeth de 6 años, se plantea nuevos retos en su vida. Aspira a estabilizarse un poco en su labor y luego retomar sus estudios, pues  quiere ir a la universidad y convertirse en abogada.
Está segura de que sus metas se cumplirán, pues le pone mucha dedicación a todo lo que hace, menciona.
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