Actualizado hace: 17 minutos
Alerta
Un mal que no conoce edades

Los accidentes cerebrovasculares pueden afectar a cualquier persona, sin importar su sexo o edad.

Miércoles 27 Marzo 2019 | 04:00

 Conocidos también como ACV, se producen debido a la interrupción del flujo sanguíneo al cerebro de manera súbita.

“Esto se traduce clínicamente con alguna manifestación focal, como la falta de movilidad de una parte del cuerpo del paciente, o que la persona no pueda hablar o mover una zona de su rostro”, explica Sandra Rodríguez, neuróloga pediatra del hospital de Especialidades de Portoviejo. 
La profesional también menciona que hay dos tipos principales de ACV. Uno es  el accidente cerebrovascular isquémico (infarto) y el otro es accidente cerebrovascular hemorrágico (derrame cerebral).
“También existen, aunque son menos frecuentes,  la trombosis de los senos venosos”, menciona.
 
Causas. Primero hay que saber que los ACV pueden registrarse tanto en niños como en adultos, ya sea por razones genéticas o factores asociados. 
“Se ha llegado a determinar algunos factores genéticos y hereditarios”, indica la profesional. 
Mientras que, agrega, los factores asociados son la obesidad, tabaquismo, presión arterial elevada y un estilo de vida sedentaria.  “La cardiopatía también está muy relacionada al ACV”, añade. 
La especialista menciona que existen señales que nos pueden dar aviso del accidente cerebrovascular, como fallos en la visión, hormigueo de los brazos o el rostro, problemas al modular y dolor de cabeza. 
 
En niños. Los ACV se presentan con una frecuencia de 6 por cada 10.000 niños en etapa neonatal (hasta un mes de vida). Mientras que del mes de vida hasta la adolescencia se registran de 8 a 10 ACV por cada 100.000 personas de ese rango. 
“Al existir diversas causas, no existe una atención primaria de niños con ACV. Generalmente se diagnostica una vez que se ha presentado el accidente cerebrovascular”, agrega Rodríguez. 
 
Estragos. Las consecuencias de haber sufrido un accidente cerebrovascular son diversas. 
“Depende mucho del tamaño del ACV, su localización y la edad. Además de los estragos físicos existen secuelas como discapacidad intelectual o parálisis cerebral en los más chicos, generalmente, y problemas de entendimiento”, menciona la profesional, quien agrega que la terapia física es esencial para estos pacientes.
En algunos casos también puede desencadenar la muerte, precisa Rodríguez. 
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