Actualizado hace: 2 horas 52 minutos
Santo Domingo
Se rehabilitan con deporte

Su padre los cambió por el alcohol, su madre cayó en el vicio y él a sus 10 años probó su primer trago.

Miércoles 20 Marzo 2019 | 11:00

 Así comenzo Pedro (nombre protegido) a consumir licor y droga.

“Tenía mucho resentimiento, pasaba en la calle. Mi primer robo fue a los seis años. Todos los niños tenían juguetes, me llevé una fundita de caramelos”, recuerda. 
Hoy con 40 años, cada viernes Pedro se pone los guantes de boxeo bajo la dirección de Carlos Santillán, quien da instrucciones como parte del programa de rehabilitación  para pacientes del Servicio Ambulatorio Intensivo (SAI), al que asisten 25 personas con consumo problemático de alcohol, drogas y con salud mental. 
“Nos ayuda a mantener el control”, comenta el hombre que siente que perdió su juventud, él es padre de dos hijos. Dice que vendió su casa, su  taller de artesano en cerrajería en Guayaquil para pagar sus vicios. 
 
Tratamiento. El SAI aborda actividades deportivas, terapias ocupacionales, trabajos psicológicos donde se intenta integrar a la familia del consumidor. 
“Contamos con médicos familiares y psiquiatras. El método de trabajo es ambulatoria, el programa dura seis meses, sin costo, con el aval del Ministerio de Salud Pública”, indicó Iván Pinos, psicólogo.
Kathy es psicóloga y ayuda a los jóvenes, pero en especial a su hijo quien ha caído en el  mundo de las adicciones. 
“Estamos tratando de educarlos para que tengan ideas y conocimientos de que la drogadición no es la salida a sus problemas. Queremos más apoyo de la gente”, manifiesta. 
Junto a sus hijos y nieta asiste a las actividades para darle apoyo y motivación a su retoño.  Las personas se reúnen los lunes en el centro de Salud Augusto Egas para las charlas y los martes en diferentes puntos para las manualidadades. 
Los viernes, el Departamento de Deporte y Recreación del Municipio organiza una actividad deportiva en diferentes locaciones.  
 
Integración. Desde las gradas Lucía respalda a su hijo que golpea el cuchimbolo (bolsa para patear y dar puños en el box), ella tiene esperanzas de que él deje de lado la marihuna y los ácidos. 
“Tenía en mi teléfono el Facebook de él y me di cuenta de que algo pasaba, por la actitud, se volvió poco comunicativo. Cuando me enteré no me alarmé, siempre le he tratado de aconsejar.Tenemos un sobrino que  vive en la calle hace ocho años  por este problema”, asegura. 
“Uno se droga y se olvida de todos, tienen que buscar ayuda con quien conversar”, aconseja “Marina” (32), quien desde los 14 probó un cigarrillo llamado “pistola”.
Hija de una familia disfuncinal buscó refugio en las drogas. “Me tiré a andar fumando y drogándome. Estuve en el hospital tuve un desequilibrio”, confiesa la mujer que hoy busca recuperarse, por sus tres hijos.
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