Actualizado hace: 4 minutos
Santo Domingo
Un acto de amor

Francisca Zambrano y su hijo Édison parecen una sola persona.

Miércoles 01 Agosto 2018 | 11:00

 Ella lo alimenta, lo baña, lo hace dormir y él le devuelve su cariño con una sonrisa.

Édison no habla. Tampoco puede caminar, sentarse, ni valerse por sí solo.
“Tiene parálisis cerebral, nació muerto porque lloró después de una hora”, explica la señora de 55 años.
La madre aparenta muchos más. Dice, a modo de broma, que su hijo la ha hecho envejecer.
Ha cuidado a Édison, de 17 años, pero con la apariencia de un niño de seis, desde que llegó a este mundo. Día y noche pasa a su lado.
A pesar de que tiene tres hijos más, el adolescente es quien demanda de todos sus cuidados, sin importar el horario.
Ellos viven en la parroquia San Jacinto del Búa y reciben el bono Joaquín Gallegos Lara.
La ayuda económica de 240 dólares la entrega el Gobierno a través del Ministerio de Inclusión Económica y Social (Mies) a los cuidadores de las personas con discapacidad severa.
El dinero se entrega cada mes. Francisca lo emplea para comprar medicinas, pañales y comida.
 
Un  reconocimiento. Ayer, decenas de cuidadores de personas con discapacidad se reunieron en el salón de la ciudad.
Ellos recibieron un reconocimiento por la labor que hacen.
Pedro Alcívar, director distrital del Mies, indicó que el evento buscó visibilizar el trabajo que realizan como un apoyo a la sociedad.
“En Santo Domingo, mil familias reciben el bono Joaquín Gallegos Lara”, dijo.
Rosa López, es una de ellas.
La mujer tuvo que cerrar su peluquería por la salud de su hijo Brenstd.
El menor tiene discapacidad intelectual y problemas cardiacos.
“Le hacían mal los químicos y por él me tengo que dedicar a otra cosa”, dice mientras le acaricia la mejilla.
Ella se ha encargado de que el menor lleve una vida normal. Él asiste a clases en la Unidad Educativa Fe y Alegría y acude con frecuencia a las terapias. 
Su madre se dedica ahora a ser artista. En su casa, ubicada en el Pasaje Ecuador entre la avenida Tsáchila y la calle Cocaniguas se gana la vida enseñando música a los niños. Brenstd es otro de sus pupilos. “Ya sabe tocar el güiro y la batería”, dice Rosa con orgullo.
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