Actualizado hace: 49 minutos
“Quiero que sean felices”

Una mujer cuenta la experiencia de tener una hija lesbiana y un hijo gay.

Sábado 28 Julio 2018 | 12:20

Alicia lloró dos días cuando por teléfono su hija de 18 años le confesó que era lesbiana. “Me cuestioné, me preguntaba en qué fallé, cuál era mi culpa”. 

Fue un golpe fuerte, pero con el tiempo se ha vuelto una experiencia que le ha dado otra visión de la vida. Eso le permitió asimilar  mucho mejor cuando su último hijo también le confesó que es gay.
Esta madre de cuatro hijos comienza a recordar cómo eran sus niños que ahora, ya jóvenes, tienen una preferencia por personas de su mismo sexo.
Ella tiene dos varones y dos mujeres. 
Su segunda hija a los 7 años era diferente a otras niñas. “No jugaba con muñecas y nada de esos juegos simplones; ella prefería otro tipo de juegos más complicados, como nadar o patinar“, dice. Por lo demás era una niña como todas, creció y se hizo adolescente.
Cuando tenía 15 años, su hija le comentó que tenía un novio. “Yo le dije que era muy pronto para eso,   pues sabía que por su forma de ser ella se iba a cansar de esa relación. Sin embargo, no me hizo caso y siguió con él. Luego mi hija se cansó de sentirse controlada por el chico y terminó con él”. 
Pasó el tiempo y Alicia comenzó a sospechar de que su hija tenía otra preferencia sexual.
“Después supe que todos lo sabían, menos yo. Y empecé a cuestionarla de un modo atrevido. Le pregunté si era lesbiana, pero no me contestaba ni sí ni no. Lo único que logré es que ella se encierre y así transcurrieron los años”, recuerda.
Su hija dejó su casa y Alicia la veía poco. Después, cuando cumplió los 18 años, una tarde cualquiera, ella le confesó todo por teléfono. 
Después de escuchar la respuesta a la pregunta que le hizo años atrás, Alicia sintió que se abrieron las puertas. “Me golpeó fuerte, lloré y me culpé”, dice. 
Pero enseguida comenzó a preocuparse porque, a criterio de Alicia, las relaciones entre personas del mismo sexo muchas veces son tormentosas e inestables.  “Creía que hay promiscuidad, pero no en todos los  casos; pero también sabía que hay parejas que son estables y tienen proyectos de vida en común para compartir por siempre. Desde esa vez nos llevamos bien; tenemos momentos complicados, pero no tienen que ver con la situación de ella. Hay   desacuerdos que pueden tener  cualquier madre y su hija”.
Cuenta que su hija tiene una novia que, según Alicia, es una buena chica que aspira a llegar lejos en su profesión y que se nota que la respeta y ama. 
“Se llevan bien; ahora están separadas por cuestiones de estudios, pero están en contacto siempre”, explica.
 
Otra confesión.  Mientras tanto, el hijo menor de Alicia comenzó a mostrarse como un niño una poco diferente también. “Mi hijo siempre fue como más delicado, no le gustaban los carritos, pero era un niño normal. Siempre fue muy querido, tenía buenas relaciones interpersonales. A mí me parecía y me parece que es un ser mágico que siempre  tuvo ángel y mucho carisma”, expresa.
Cuando su hijo se hizo adolescente, Alicia comenzó a sospechar, igual como ocurrió con su hija. “Pero nunca le cuestioné nada como hice antes con mi hija. Él se vestía bien, pero no como mujer, nunca lo hizo. Diría que era más delicado y especial para vestirse. Siempre impecable, pero nada más, y ni siquiera era amanerado. Pero, como siempre, no falta alguien que te dice que  tu hijo es gay; yo sospechaba, pero no se lo pregunté”.
Fue cuando cumplió 18 años que el chico le contó a Alicia que era homosexual.
“Me lo dijo de una manera tan chévere, sutil, y esta vez paradójicamente me sentí  muy tranquila. El caso de mi hija me pegó más fuerte”, recuerda Alicia.
“Tu eres lo  más importante en mi vida, por eso necesito decírtelo, corroborártelo: sí, mamá, soy gay. Te aseguro que nunca he estado confundido y me siento feliz“, fue lo que el joven le dijo  a su madre. 
Y después de un gran abrazo, el chico se abrió con su madre y le contó cómo llevó su situación en su vida.
“Mi hijo es muy guapo, las chicas se le acercaban, pero él les decía su verdad y con eso unas se alejaban en unos casos y en otros  seguían siendo amigos”.
Alicia señala que su hijo siempre se llevó bien con todos y rara vez se enfrentó a algún tipo de discrimen. Él creció como un niño feliz y ahora se siente igual y con muchas ganas de cumplir sus metas  en la vida.
“No me importa si mi hijo se enamora de otro hombre;  lo importante es que sea feliz”, añade.
 
Una  visión diferente.  Y como ya lo ha dicho Alicia, su experiencia cambió su visión de la vida. Tiene la mente más abierta para esta situación que para muchos aún es tabú.
“Amo a mis hijos como son y no dudaría en reprocharles si hicieran algo que sé los va a hacer sufrir. Por ejemplo, si mi hija que es lesbiana tuviese una relación con un hombre se lo reprocharía, porque sé que no sería feliz, porque se está yendo contra su naturaleza. Lo mismo haría con mi hijo.  A mí lo que más me interesa es que los dos sean felices y que se sientan realizados en la vida”, dice Alicia.
Cree que hay que quitarse el velo y ser noble. Hay que decirle a un hijo “te conozco, te acepto como eres”, y ya.  Añade que prefiere aceptar a sus hijos como son a obligarlos a que vivan ocultos, anden en malos pasos o sean drogadictos, unas personas amargadas  o frustradas. “No podemos dejar a nuestros hijos solos, hay que apoyarlos, quererlos. Para mí mis hijos son los mejores”.
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