Actualizado hace: 39 minutos
Vinces
Un panadero de antaño

Todos los días se despierta a las tres de la mañana.

Viernes 27 Julio 2018 | 11:00

Prepara la harina y también el horno para hacer las rosquitas y los deditos que acompañan el café de sus clientes a diario.

Alfredo Herrera proviene  de una familia que, tradicionalmente, dedicó su vida a la elaboración y venta de panes  en Vinces y es el último dedicado a esta tradición familiar de más de cinco décadas.
Trabajo. Tenía ocho años cuando sintió curiosidad por el trabajo que hacía su padre.
Empezó amasando pequeños trozos de harina y con el paso del tiempo aprendió el oficio, pasando de aprendiz a panificador.
Tiene 57 años y vive en las calles Córdova y 9 de Octubre, lugar donde creció junto a sus padres y hermanos.
Son tantos los recuerdos que le trae a la memoria la panadería “Rosita”, nombre que tenía el negocio cuando su padre vivía y que ahora cambió a “Chechey”.
Las grandes panaderías que han llegado a la ciudad han ido engullendo el negocio a
los antiguos panificadores. 
“Son como peces grandes devorando a los pequeños”, confiesa, añadiendo que él se aferra a la supervivencia por sus clientes de siempre.
“Habían niños, incluyéndome, que salíamos todas las tardes con una bandeja llena de panes de dulce y de sal. La gente que salía del campo era la que más compraba para acompañar el café o las aguas de canela o hierba luisa”, comentó.
Mejor sabor.  Alfredo contó que los hornos en aquella época eran de leña y que el pan cocinado en estos, tenía mejor sabor.
“Ahora solo hago deditos y rosquitas, ya que las ventas bajaron con la abundancia de panaderías en la ciudad. Antes hacía briollos, palanquetas, mixtos, enrollados, budines. Ahora no, la gente compra pan en el centro”, dijo. Las ventas alcanzan los diez o quince dólares al día. Vende la porción de rosquitas a un dólar.
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