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“Papá, soy gay”

Homosexuales relatan cómo les confesaron a sus padres la inclinación sexual que tienen.

Jueves 26 Julio 2018 | 11:00

Han pasado 30 años desde que  Chany Alcívar  le confesó a su padre que era homosexual, y ese día se rompió la relación.
Se lo dijo cuando tenía 13 años. Desde entonces, en algunas ocasiones ha intentado hablarle, pero su padre no quiere saber nada con él.
Chany aspira a que puedan sentarse a conversar algún día y hablar cara a cara. “Yo estoy agradecido con mi padre porque así se comportó: como un padre. Me dio todo, no me faltó nada, aunque él sea solo mi padrastro”, dice. 
Sostiene que ha sido el rechazo más doloroso que ha tenido sobre su condición sexual. Recuerda que fue su madre la primera persona a la que se lo contó. Chany considera que hay que escoger el momento preciso para decir la verdad. 
Según una encuestadora de Estados Unidos, hasta ahora solo el 40 % de las personas homosexuales les dicen a sus padres lo que son. 
 
>Desahogo. Un día Chany tuvo que desahogarse. Llamó a su madre. En un cuarto de su casa se dio la conversación. Le dijo que le gustaban los hombres, y Chany sintió alivio. 
La mamá al principio se sorprendió. “Ella siempre me ha dado su apoyo. En ese momento recuerdo que me dijo que a los hijos se los acepta tal cual, sin ninguna discriminación”, dice. 
Su decisión hizo además que la relación con sus ocho hermanos también se fracturara, pero eso quedó en el pasado: “Ahora soy la adoración de todos mis hermanos”, señala.
“Al gay hay que apoyarlo y aceptarlo, o sino se deshace. Va a otra ciudad y se pone a fumar, a robar, y puede encontrar la muerte”, dice. 
Lo último le pasó a un amigo suyo hace unos años. Lo mataron en Quito; los padres nunca le dieron el respaldo y hoy se lamentan. 
Chany fue el primer homosexual en Manabí en cambiar la identidad de género  de masculino a femenino en la cédula de identidad. Lo hizo en mayo del 2016. 
En 2008, en la Constitución se reconoció los derechos de los homosexuales.
Martha Lucía Cuéllar es una psicóloga colombiana, madre de un hijo homosexual y activista que explica que el apoyo de los padres es fundamental para evitar que intenten quitarse la vida, y agrega: “No hace falta que más jóvenes sigan pagando con su vida la intolerancia de esta sociedad. No más suicidios por este motivo”, señala un reportaje de diario El Tiempo de Colombia.
Dice que la información seria y oportuna ayuda a muchos padres. De acuerdo con libros como “Coming around; parenting lesbian, gay, bisexual en transgener kids” (En torno a la crianza de lesbianas, gais, niños bisexuales y transgénero) o “How to understand and accept your gay son, even if you’re not sure you can” (Cómo entender y aceptar que su hijo es gay, incluso si no está seguro de poder), los hijos sienten gran alivio cuando pueden confiar en sus padres y suelen llevar vidas más amorosas, con menos riesgos de caer en depresiones o en adicciones.
Cuéllar explica que la mejor defensa contra la homofobia y la mayor seguridad para un hijo es el respaldo familiar, pues él siente que, si sus padres lo aman, ellos se amarán a sí mismos y encontrarán quién los ame.
A muchos padres los juzgan en sus trabajos o en sus familias y les dicen que son alcahuetes. Por fortuna, cuando aman a sus hijos no tienen problema con estos rechazos y su actitud es una primera piedra para que sus hijos se sientan fuertes frente a los rechazos de la sociedad.
 
> "chavica". José Moreira, conocido como “Chavica”, tiene 43 años y dirige la Asociación Homosexual Horizontes Diversos, y recuerda que a los nueve años comenzó a sentir atracción por las personas de su mismo género. 
Dos años después conoció un amigo en el colegio que lo impulsó a decirles a sus padres sobre su homosexualidad. “Un día él me dijo que era gay, yo no lo sabía, y le dije que yo también lo era”, dice. 
Cuando tenía 12 años les dijo a sus padres que era homosexual. Se preparó para lo peor. Antes de aquello habló con un amigo homosexual, quien ya se lo había dicho a la familia, y le comentó que, en caso de que no lo aceptaran, podía quedarse en su casa. 
Un día “Chavica” estaba en el almuerzo con sus padres y se arriesgó. 
La mamá aceptó la decisión del hijo, le dio algunos consejos, mientras que el papá dijo: “Bueno, ¿qué más me queda?”. 
Al principio le costó asimilar que su hijo era gay. “Chavica” manifestó que en aquel tiempo la homosexualidad era estigmatizada. “Las personas te maltrataban, decían un sinnúmero de cosas, lanzaban objetos. A mí no me pasó eso, pero lo que sí viví fue el acoso de la Policía”, recuerda. 
Comenzó a vestirse de mujer junto con un grupo de amigos. Pero en la casa no lo hacía, sino que llevaba la ropa a la casa de una amiga y ahí se cambiaba. 
“Salíamos de la casa como hombrecitos, y allá nos transformábamos”, expresó. 
Cambiaban camisetas, pantalones y zapatos por faldas, vestidos, tacos, aretes, y se maquillaban entre ellos. 
Iban a bailar y a beber en unos centros de diversión denominados “barras” de Manta, que eran visitadas por homosexuales. Incluso llegaban gais de otras ciudades. Y Chany también acudía a las barras. Comenta que un día “los policías llegaron sin ningún motivo a agredir a los homosexuales”, y en ese momento las leyes no los protegían, así que salían corriendo para ponerse a salvo. “Coge tus tacos, ¡y a volar!”, gritó una vez mientras emprendía la carrera.
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