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Antidemocracia: Venezuela y Nicaragua
Antidemocracia: Venezuela y Nicaragua
Por: Enrique Delgado Coppiano

Sábado 21 Julio 2018 | 06:00

Doloroso es para el ejercicio democrático que vive América Latina, desde México hasta Argentina, lo que ocurre en Venezuela y Nicaragua. De una u otra manera, la vigencia del sistema que recoge la voluntad mayoritaria de los pueblos ha sido respetada en todos los países que integran la OEA, cuyos actuales dirigentes se esfuerzan para que los conflictos, que nunca faltan, sean solucionados siguiendo los lineamientos que la organización propugna y sostiene, siempre en beneficio de la totalidad ciudadana. 

Hoy el país cuna de Bolívar y Sucre, y otros próceres cuya vida entera se entregó al derecho a la libertad, confronta una tremenda crisis ante la vulneración de todo derecho a la misma, por las medidas atrabiliarias que el denominado chavismo, encabezado por el dictador Maduro, pone en vigencia en su empeño de seguir gobernando a su antojo, sin ninguna planificación, lo que ya condujo a Venezuela, gran productor de petróleo, a una crisis económica – social sin precedentes, que empuja a más de dos millones  de venezolanos, varones, mujeres, niños a una masiva migración. 
Y queda atrás una patria herida, empobrecida, con elecciones amañadas y un Gobierno que no trepida en lanzar estamentos armados para matar a miles en una barbarie que no se sabe cuándo termine. 
Este es el resultado de un plan maquiavélico del comunismo emanado desde Cuba, cuya cúpula dirigencial se regodeó del regalo petrolero que hoy lacera de muerte a su país y a otro hermano, Venezuela. 
Ésta última con los mismos principios políticos de Maduro aplicados en la hermana Nicaragua, produce en ella una crisis política y social que se veía venir y antes se demoró en producirse; y lo peor de esta catástrofe es que el sátrapa en el poder no ha tenido temor alguno, ante los brotes de protestas por la situación social en que viven más de seis millones de habitantes, en seguir el ejemplo de los Castro.
Y así el dictador Ortega, con 20 años en el poder, poniendo como vicepresidenta a su mujer, Rosario Murillo, emprende una represión a sangre y fuego. En principio, juega con una tregua de diálogo y la mediación de autoridades de la iglesia católica, gana tiempo para equipar a cientos de sus seguidores, del Frente Sandinista, que provistos de armas de fuego letal, luego de aceptar un alargue de los diálogos, a estos jenízaros armados los lanza contra estudiantes y ciudadanos que son asesinados impunemente. En pocos días, 365 muertos forman el saldo trágico de la protesta legítima que sufren los que combaten a terroristas armados partidarios de la pareja gobernante, que a sangre y fuego no trepidan en seguir disfrutando de un poder nefasto erigido sobre cadáveres. 
Los países realmente democráticos tienen que intervenir para evitar que se siga asesinando a todo un pueblo que solo anhela una patria mejor en el futuro.   
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