Actualizado hace: 9 horas 12 minutos
TEMA
Una espera de 28 años

La pareja de Patricia fue apresada en el exterior por narcotráfico. Él le dio luego una noticia inesperada.

Miércoles 03 Enero 2018 | 11:00

Lo primero que hará Patricia cuando vuelva a ver a Carlos es decirle lo mucho que lo ha extrañado. Pero para eso debe esperar al menos 23 años. 
Él está preso en Panamá, sentenciado a 28 años por narcotráfico. 
Patricia dice que él está pagando una pena injustamente, porque no hay pruebas de que sea culpable. Sobre eso prefiere no dar detalles, pero sí contar todo lo que tuvo que pasar después de quedarse sola con una hija y deudas que pagar.
Dicen que las mujeres tienen un sexto sentido que les permite, entre otras cosas, intuir que algo no marcha bien. Ella lo pudo comprobar, ya que pocos días después de que Carlos salió a pescar sentía que algo malo estaba pasando. Fue cuestión de días confirmar sus sospechas.
Una tarde de sábado, los dueños del barco en el que salió Carlos de faena llegaron a su casa a darle la noticia sin revelar mayores detalles. Solo le aseguraron que en unas semanas o máximo tres meses su esposo quedaría en libertad y volvería al país.
Los primeros días fueron duros. No comía, no dormía y lloraba en todo momento. Bajó de peso y se enfermó del estómago. Por su mente pasaban una y mil ideas de cómo haría para vivir sin su esposo.
Su familia fue un aporte importante durante esta crisis, pero nada era suficiente para calmar el dolor. Ella quería ver y hablar con su esposo.
Pasaron 20 días cuando tuvieron el primer contacto. Él la llamó a pedirle que lo sacara de la cárcel porque se había cometido una injusticia. De ahí en adelante, las comunicaciones fueron a través de videollamadas. Pero no bastó, asegura, porque la niña, quien ahora tiene 5 años, no reconoce a su papá y piensa que está hablando con un extraño. 
 
> las fechas. Lidiar con la falta de la imagen paterna en el hogar es algo duro, dice Patricia. En fechas especiales como cumpleaños, Día del Padre o Navidad, a ella le toca asumir esa ausencia. 
Pero eso no es todo. En la parte económica ha tenido que hacer milagros.
Para solventar los gastos tuvo que vender artículos de valor de la casa, y con ese dinero comprar la comida y pagar la escuela de la niña, deudas y otros gastos. Además, no ha tenido la suerte de encontrar trabajo.
Debido a esa inestabilidad económica, social y sentimental, su hija sufre de un trastorno alimenticio.
“Cuando me enteré de que Carlos estaba preso en otro país sentí que la vida se me había terminado, sufrí mucho. Yo contaba los días para volverlo a ver y yo moría por viajar a verlo. Nunca pasó por mi mente rehacer mi vida con otra persona, yo esperaba pacientemente que llegara el día en que me dijeran que él iba a salir e iba a volver. Mi hija y mi madre me ayudaron a salir de a poco de ese estado de dolor en el que me encontraba”, dice.
Sin tener de dónde más sacar dinero, a Patricia no le quedó otra opción que vender el carro, el último objeto de valor que poseía. 
Con algo de dinero pagó   deudas y el resto se lo envió a Carlos.
Pocos días después, mediante una de las habituales videollamadas, Carlos le dijo que rehaga su vida porque él había conocido a alguien más en la cárcel, e incluso que iba a tener un hijo.
Esto fue como un balde de agua fría porque, pese a que se le hacía eterna la espera, ella juró esperar a su marido.
 
> EL REGRESO. En noviembre del año pasado, 33 pescadores ecuatorianos  reclutados por el narcotráfico arribaron al país provenientes de Nueva York (EE.  UU.), luego de que fueran capturados con cargamentos de droga, para que cumplan sus condenas en el país.
La Cancillería conoce 661 casos de ecuatorianos privados de libertad solo en Estados Unidos, de los que el 76 % es por narcotráfico.
La mayoría son originarios de Manabí y Esmeraldas, provincias en donde se ha registrado un número creciente de pescadores detenidos en aguas internacionales por asuntos de drogas.
A Patricia le gustaría que Carlos sea beneficiado con este convenio. 
“Si viniera, yo iría a recibirlo con mi hija, lo iría a visitar a la cárcel. Él nunca fue malo conmigo ni con mi familia. Siempre estaba presto a ayudar a quien podía. Nunca decía que no”, señala.
Patricia habla de su ex con la ilusión de verlo pronto, de que su hija conozca a su padre, aunque ella ya no lo siga esperando. “Lo que más le pido a Dios es que bendiga a mi hija y que él salga pronto. Son cosas que duelen, pero a la vez te hacen más fuerte. Con esto yo aprendí que mientras hay vida, hay esperanzas, y yo nunca perderé la esperanza de volverlo a ver, aunque ya no para estar juntos, porque yo ya tengo a otra persona”, menciona.
Con Carlos aún tiene comunicación por videollamadas. Ya no hablan del amor, sino de la hija que los une.
 
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