Actualizado hace: 7 horas 18 minutos
Argentina
Los jubilados no dejan de trabajar ante la necesidad

No todos los adultos mayores de Argentina qusieron abandonar su trabajo y descansar, cuando llegaron a la edad límite de jubilación.

Lunes 01 Enero 2018 | 04:00

Ahora, para muchos, un empleo es imperativo para vivir, pues consideran que bajo el aprobado sistema de cálculo de las pensiones no llegarán a fin de mes.

La conversión en ley de la polémica “reforma previsional”, repudiada en las calles de Buenos Aires, ha suscitado una nueva preocupación en torno a la estabilidad financiera de los 7 millones de retirados que previsiblemente verán sus bolsillos afectados con esta regulación.
En un país en el que ha existido una deuda con los jubilados por parte del Estado, la excepción se convierte en norma, pues son numerosas las ocasiones en las que los más ancianos salen del mercado laboral pero continúan trabajando de forma independiente.
Este es el caso de Sara Lafourcade, integrante de una comunidad dedicada al entretenimiento de los retirados llamada “Los Abuelos del Francés”, que estrenó su jubilación apenas el año pasado, con 67 años, y cuyo principal miedo es pasar a depender de su única hija.
Pasó los últimos once años de su vida laboral trabajando como administrativa en un hospital capitalino y entonces cobraba el doble de lo que percibe actualmente con su jubilación.
“Acá los jubilados que más o menos estamos bien, y no enfermos, estamos viendo la posibilidad de encontrar algo para ayudar porque estamos en un país muy caro, tenemos muchos impuestos, han subido las tarifas de la luz, el agua, el gas y con las jubilaciones que nos dan no alcanza”, contó en diálogo con Efe.
Cifras alarmantes avalan la declaración, ya que la cuantía más baja que cobran los retirados - antes era 7.620 pesos (424 dólares)- se sitúa ahora tan solo a 2.500 pesos (138 dólares) por encima del monto que el Instituto Nacional de Estadística y Censos considera el límite para no caer bajo la línea de pobreza.
 
Causa.  El nuevo sistema, impulsado por el oficialismo y aprobado el pasado martes, obliga a recalcular los salarios según un coeficiente basado en la inflación, que asciende con alarmante rapidez en el país austral, y no según la recaudación del Estado, como hacía la legislación anterior.
También incluye la extensión de la edad de jubilación hasta los 70 años de forma “optativa”, algo que Rolando Amaro habría aceptado de buen grado, ya que, a sus 81 años, continúa ejerciendo en la medida de lo posible en el puesto que ocupaba durante sus años previos como consultor económico.
La Defensoría del Pueblo fijó la canasta básica de un adulto mayor en 973 dólares para el pasado noviembre, más del doble de lo que cobran con la jubilación mínima, que será ajustada al alza, con el nuevo sistema.
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