Actualizado hace: 5 minutos
Las heridas del alma no sanan

Todos los días, por algún motivo, los esposos Jimmy Mejía y Amada Pazmiño son recordados por sus hijos.

Miércoles 27 Diciembre 2017 | 11:00

El golpe del martillo, el sonido del metal que se funde con la soldadura e incluso la pintura fresca, dirigen los pensamientos hacia el maestro Jimmy Mejía, quien tenía su taller de soldadura junto a su vivienda, localizada en la calle Nevil Basurto y ciudadela Los Almendros (parte posterior del estadio Reales Tamarindos), de Portoviejo.
Mejía murió el 8 de noviembre del 2014 en un accidente de tránsito en la vía Alóag-Quito. Iba junto a cinco miembros de su familia, entre ellos Amada Pazmiño, su esposa. 
Ese día 15 personas perdieron la vida, mientras que 16 resultaron heridas. 
El viaje, según Gema, hija de la pareja, fue planificado con anticipación, ya que el objetivo era acompañar a su hija mayor en su cumpleaños. 
Lastimosamente a las 04h00 el micro 148 de la cooperativa Panamericana cayó a un abismo de más de 300 metros de profundidad, dejando dolor y luto. 
 
Daños. Diana, de 16 años y quien también forma parte de la familia, resultó con golpes en su columna vertebral. De vez en cuando tiene dolores.
Uno de los niños resultó ileso. Según su hermana, porque se metió debajo del asiento y la estructura lo protegió, ya que la carrocería del automotor se destruyó en la medida que rodó al fondo del abismo. 
Gema manifestó que el bus salió de Manta.
“Mi papá era muy hogareño y nos llamó la atención que no reportara el arribo y que tampoco se hubiera presentado ante mi hermana en Quito”, recordó. 
Entonces llamaron a la oficina de Panamericana en Quito y nadie contestó, luego hicieron lo mismo en Portoviejo y les dijeron que el bus había sufrido un percance. Eran como las 08h30 y ya para ese momento los vecinos conocían de la desgracia que se había suscitado.
 
Justicia. Gema Mejía dijo que el conductor del vehículo fue detenido por la Policía. 
Las investigaciones determinaron que se durmió. 
El parte policial señaló como causa la pérdida de pista.
“Llevaba tres noches seguidas manejando. Considero que él no fue el único responsable del accidente, ya que algo motivó el cansancio. Ahora que tengo familia sé bien lo que cuesta hacer para el sustento diario”, declaró.
Manifestó que no hubo compensación alguna para las familias de las víctimas y que el chofer fue sentenciado a tres años de cárcel, “algo mínimo para una desgracia tan contundente”.
Los restos de los esposos reposan en el cementerio general de Portoviejo.
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