Actualizado hace: 10 horas 55 minutos
Babahoyo
Dejaron de robar por amor a su familia

Hace dos años “Pocholo” estuvo a punto de ser linchado por robar tres gallinas y un cilindro de gas en el recinto La Fortuna de la parroquia Pimocha, en Babahoyo.

Martes 26 Diciembre 2017 | 04:00

 En esa comunidad era mal visto y criticado por los moradores que se mantenían alejados de él para que sus cosas no se pierdan.

“Pocholo”, de 30 años, recordó que el 27 de mayo del 2015, a las 11h00, salía por una guardarraya a esperar un carro que lo trasladara a Babahoyo, cuando fue atrapado por tres comuneros que le reclamaron por el robo de las aves de corral que llevaba en un costalillo.
Los agricultores lo agredieron físicamente y hasta intentaron matarlo, pero la Policía se los arrebató de las manos. 
El hombre recordó que estuvo varias semanas detenido y luego recobró la libertad. Cinco meses después, nuevamente se vio involucrado en el robo de una motosierra, por lo que volvió a la cárcel de Babahoyo. El sujeto, de ojos claros y cabello crespo, dijo que la necesidad lo obligaba a sustraerse las herramientas y los animales de las casas de sus vecinos.
Tras haber pasado hambre y momentos difíciles en la cárcel, decidió escuchar los consejos que le daban sus seres queridos. 
Una vez que recobró su libertad, optó por quedarse viviendo junto a un primo en la ciudadela El Chorrillo. 
Cambio. Entonces “Pocholo” se propuso cambiar  y empezó a trabajar como oficial de albañilería en Babahoyo ganando 70 dólares semanales. Cuando no tiene trabajo en el campo de la construcción labora en bananeras de la localidad.  
Al momento está casado con una chica de 23 años, con quien tiene un bebé de nueve meses. 
Él aseguró que ha cambiando y por amor a su familia no volverá a tomar las cosas que no le pertenecen.  
Jimmy. L. tiene 25 años y  en cuatro ocasiones ha estado preso. Él empezó a consumir droga a los 16 años por curiosidad y porque sus amigos le regalaban la sustancia hasta que se hizo dependiente. 
Durmió varias noches en las calle. Para conseguir dinero para comprar el alcaloide robaba los accesorios de los vehículos que quedaban parqueados en las calles durante la noche y los vendía a precios irrisorios al día siguiente. 
Por ejemplo, el radio de un vehículo valorado en 150 dólares, lo vendía en 20, y los espejos retrovisores, hasta en 10 dólares. 
Con ese dinero conseguía droga y alimento para pasar el día. A finales del 2016 fue detenido por última vez con una boleta de captura por haber ingresado a robar un domicilio en la ciudadela Cuatro de Mayo. Recuerda que cuando salió del centro de rehabilitación se baño en el río Babahoyo, para nunca más regresar a ese lugar. 
Ahora Jimmy L., que vive con una tía en el baipás, se gana la vida vendiendo pasteles de pollo. 
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