Actualizado hace: 9 horas 23 minutos
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Invitados a cenar

En Manta hay varias familias que han decidido invitar a venezolanos a pasar la Noche Buena con ellas. Esto porque la mayoría de extranjeros está sin familia.

Viernes 22 Diciembre 2017 | 04:00

En su primera Navidad solo y lejos de Venezuela, Ray Sánchez soltó el llanto al ver a su familia reunida al otro lado del teléfono. Estaban todos en casa, incluida su madrina, quien solía sorprenderlo cada 24 de diciembre con un abrazo. 
Cuando ella lo saludó a través de una videollamada, él se quebró de nostalgia y lloró. Fue el año pasado. Ray tenía nueve meses de haber llegado a Manta en compañía de otros dos venezolanos, pero tiempo después cada uno tomó un rumbo diferente. 
Huyendo de la crisis que golpea a Venezuela, Ray se quedó solo en Manta. Empezó a abrirse camino buscando trabajo para alquilar un departamento.
La suerte estaba de su lado: consiguió varios empleos y para diciembre de 2016 ya estaba laborando en un hostal.  
La Noche Buena llegó y a Ray no le alcanzó el tiempo para hacer amigos, por eso optó por pasarla en el trabajo con sus compañeros de turno. Hizo lo mismo para Fin de Año. 
En ambas fechas especiales se comunicó mediante el teléfono celular con su familia. No quería, aunque estaba a miles de kilómetros de distancia, sentirse apartado de ellos, de esa reunión que durante 35 años compartió en casa con todos. Luego de aquello, la nostalgia lo terminó durmiendo. 
Pero esta Navidad será algo diferente, pues ya tiene muchos amigos y varios de ellos lo han invitado a cenar en familia. Él aún no decide qué invitación aceptar, pero dice estar agradecido con todos, ya que ahora no se siente solo. 
La historia de Ray es, probablemente, igual a la de muchos otros venezolanos que hoy radican en Manta; unos llegaron el año pasado y otros en el actual. 
Según Helen Sifontes, otra venezolana radicada en el cantón, hasta septiembre de este año había 3.526 compatriotas suyos en la ciudad. La cifra la sacó de un censo que ella hizo con ayuda de otros amigos, para unas elecciones simbólicas hechas en julio pasado en la playa El Murciélago. 
La cifra es cercana a la que maneja la Organización Civil Venezolanos en Ecuador, cuyos registros ponen a Manta como la tercera ciudad del país en albergar mayor cantidad de venezolanos, después de Guayaquil y Quito. 
Helen aseguró que la mayoría de sus compatriotas en Manta radica en la zona central. Además, cree que el número no ha variado de septiembre a diciembre, porque unos se han marchado y otros han llegado.
MÁS HISTORIAS. Enger Martínez y Andrea Suárez están en la lista de los que llegaron este año y pasarán su primera Navidad en Manta. 
En caso de Andrea, estará lejos de sus cuatro hijos menores de edad, y en el de Enger, distante de su madre, tres hermanos y la abuela. Él llegó hace un mes y ella tiene cuatro en la ciudad. Ambos viven en un departamento ubicado en la zona central. 
Justo esta semana platicaron qué cena hacer  en la Noche Buena, pues ya tienen lugar donde pasar. Una familia del sector los invitó a compartir juntos. 
Tanto Andrea como Enger acordaron preparar una hayaca, alimento que en su tierra es tradicional para estas fechas. Antes de comer llamarán a sus familiares para saludarlos.  
“La nostalgia de estar lejos de la familia la tenemos desde el primer día que salimos de nuestro país; ahora será peor, por tratarse de una fecha tan especial. Sin embargo, la invitación a cenar que nos hace una familia que recién conocemos también nos hace sentir que no estamos tan solos como creemos”, dijo Andrea. 
Maryorie Tejena, mantense, publicó hace varios días en su perfil de Facebook una invitación a cenar para cualquier familia venezolana radicada en la ciudad. Ella expresó que su intención es hacerlos sentir como en casa. 
Marjorie reveló que en una época emigró a otro país, donde le tocó pasar Navidad y Fin de Año lejos de su familia. Por esa razón, porque vivió la misma situación que hoy afrontan los venezolanos, es que plantea la invitación. 
Carla Mendoza, otra mantense, no ha vivido ninguna de esas nostálgicas experiencias, pero le conmueve conocer la historia de cinco venezolanos que habitan cerca de ella. Cada uno está solo en Manta y apenas se dan fuerza entre ellos. 
Mendoza los reunió la noche del martes para cenar en su casa. Todo estaba previsto para el 24 de diciembre, pero los extranjeros ya habían aceptado otras invitaciones. Así que este año ya no se quedarán en casa, ahora tendrán una segunda familia con quien compartir.
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