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El diálogo socrático y bíblico
El diálogo socrático y bíblico
Por: Libertad Regalado
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Jueves 21 Diciembre 2017 | 04:00

Partiendo desde sus raíces, el diálogo significa esa palabra, discurso, pensamiento, facultad mental de pensar que nos ayuda a comunicarnos.

 Su importancia radica en que es base de las relaciones sociales, al conversar intercambiamos información con otras personas, gracias a ello podemos conocer la manera de pensar, sentir de ese ser humano; de igual manera los otros se forman una idea de lo que somos.

El diálogo es tan antiguo como la humanidad. Los griegos y en especial Sócrates, cuatro siglos antes de Cristo, gracias a sus conversaciones con sus discípulos puso en juego la ironía, que fingiendo ignorar, interrogaba. Así como la mayéutica o arte de llevar a sus interlocutores a dar por sí mismos con la verdad. Él nos lega lo que más tarde se denominaría el diálogo socrático, ese que se basa en preguntas filosóficamente construidas, que sirven como medios para construir el conocimiento. Es este diálogo como investigación aplicable en nuestra academia. 
En la Biblia se halla referenciados los primeros diálogos de Dios con Moisés y más tarde con quienes serán sus delegados y con su hijo en la tierra. La Biblia es en este sentido el diálogo de Dios con su pueblo. Lo que sí debemos rescatar en este diálogo es cómo ese interlocutor trata al otro, siempre se da con relación a una conversación del padre con el pueblo, sus hijos a través de un escogido. 
En el Nuevo Testamento es, en cambio, el hijo quien dialoga con su padre, sus discípulos y pueblo; y es este hijo que, nacido en la tierra, marcará el inicio de la era cristiana.
¿Qué tienen de particular estos diálogos tanto el socrático como el bíblico?: la verdad, ese valor universal que nos obliga a tener un compromiso auténtico con la certeza de lo que digo, que no esconde, que no enmascara nuestro ser y sentir, que es coherente con el actuar y hacer. 
Muchos en la actualidad caemos en el juego de esa conversación que perdió su característica principal, y hoy es un simple chisme, embuste, cuento, murmuración, el ruido de la falsedad, el discurso demagógico de sueños inalcanzables, sin contenido, formas de disfrazar la realidad, de enmascarar opiniones y pensamientos, que tanto daño hacen a las familias y colectividades. 
Hagamos una promesa de rescatar ese diálogo socrático y bíblico, que nos ayude a redimir, recuperar la verdad, que genera climas de confianza, de respeto al otro. Recordemos que en el diálogo prima la relación entre personas que compartimos un mismo espacio.
Veamos la Navidad, como ese momento en que Dios, al enviarnos a su hijo, establece un nuevo puente de diálogo con la humanidad, con quien a través de la oración podemos conversar, él está para iluminarnos y nace cada día en nuestro corazón, que debe ser el pesebre y morada de él. 
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