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Crisis y diálogo
Crisis y diálogo
Por: Isabel Macias R.

Sábado 08 Julio 2017 | 04:00

Rafael Correa dejó la Presidencia de la República tras su permanencia durante una década. Él dice que ha provocado un gran cambio en el país, inclusive, en muchas ocasiones ha insistido que Ecuador es visto en el mundo como ejemplo de crecimiento económico y desarrollo social, sin embargo, las estadísticas lo desmienten.

Habló del cambio de la matriz productiva, pero deja una economía dependiente de la producción petrolera – modelo que acompaña al país desde los años 1970 -, dependencia que ha agudizado la crisis por efecto de la caída del precio del barril de petróleo en el mercado internacional. 
Las finanzas quedan con saldo en rojo, el déficit fiscal del año pasado llegó a los USD 7.538 millones y, ahora, de enero a abril hay presupuesto con déficit acumulado de USD 2.081 millones.
La deuda pública asciende a USD 59.575 millones, equivalente al 61% del Producto Interno Bruto, PIB: USD 26.500 millones en deuda externa; USD 13.284 millones de deuda interna. A esos montos debe sumarse USD 11.691 millones de deuda no registrada y USD 8.000 millones de deuda externa no reconocida. Para tener una idea del peso que esto tiene, debe saberse que el pago por intereses y obligaciones de esta deuda llega a los USD 4.000 millones y los requerimientos de financiamiento superan los USD 15.000 millones, lo que equivale a tres veces el gasto total en salud y educación.
El 57% de la Población Económicamente Activa gana menos del salario mínimo, está subempleada o no recibe remuneración. El desempleo abarca el 5,7% de la población, cifra similar a cuando inició el gobierno de la mal llamada revolución ciudadana.
En sectores como educación y salud se ha incumplido con las metas presupuestarias establecidas en la Constitución de Montecristi, de otorgar el 6% y 4% del PIB respectivamente.
Hay un enorme déficit de vivienda, los niveles de pobreza se mantienen, el número de jóvenes sin acceder a las universidades incrementa, se falsea documentalmente la deuda con el IESS, sumado las denuncias de corrupción que involucran a varios personajes cercanos al correísmo en los sectores estratégicos y la inacción de controlar y sancionar por parte de sus fiscalizadores ha salpicado las suspicacias en la opinión pública como responsables de los jugosos negociados. Esa es la herencia del correísmo: un país endeudado, con bajos niveles de esperanzas y sumergido en la más rampante corrupción. 
Es la hora del pueblo para exigir al nuevo gobierno cambios profundos, sinceros y con resultados. El llamado al diálogo por parte del presidente Moreno debe ser un instrumento para solucionar los problemas que tiene la gente, con una intensa movilización social para el cumplimiento de todas las ofertas de campaña.   
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