Actualizado hace: 3 horas 10 minutos
Miguel Andrade Orellana
Los pescadores de San Clemente

Como parte de la catequización forzosa implantada a lo largo de 300 años de vida colonal, se ha impuesto el nombre de diferentes santos, a tres hermosas comunidades manabitas ubicadas en la orilla del mar, y que permanecen en espantoso atraso.

Miércoles 05 Julio 2017 | 04:00

Nos referimos a los balnearios de San Clemente, San Alejo y San Jacinto de la parroquia Charapotó del cantón Sucre, donde el mar y el cielo son testigos  de la pobreza en la que viven, aproximadamente, 600 familias de pescadores, quienes consideran que mañana tendrán una nueva oportunidad.
A pocos pasos de la Hostería “Costa del Sol”, tras un extenso malecón construido con piedras grandes para detener al inmenso mar, se encuentra  el “puerto” del que parten y  arriban modestas embarcaciones con audaces e incansables pescadores. 
Unos salen a las cuatro de la mañana para abordar cuando el sol se ha ocultado, otros parten a las veinte horas, y después de permanecer en el mar sin dormir,  arriban al amanecer. 
Treinta y cuatro embarcaciones con su respectivo equipo de trabajadores constituyen la Asociación de Pescadores-Armadores- Artesanales de San Clemente, que representan a 600 familias vinculadas con la dura y sacrificada labor de pesca, que despierta la curiosidad de los turistas. 
Sus ingresos son exiguos, no equivalen ni al salario básico unificado; trabajan sólo para la subsistencia de sus familias, expresan Juan Carlos García, presidente de la Asociación, y Pedro Muñoz Zambrano, consecuente exdirigente.
La pesca artesanal es realmente un viaje de aventura. 
Nadie sabe si retorna o no con vida, tampoco saben las libras que puedan pescar. 
Lo único seguro es que navegan por un entorno desolado, donde sólo  escuchan las olas del mar y los motores de las lanchas, que los empujan a desconocidos lugares, en busca de la riqueza marina que se agota cada día, por falta de políticas estatales que impidan la contaminación del mar.
Si el mar es inmenso, más grande es la esperanza que anima a los compatriotas asociados para pescar. 
Ellos han soñado que pronto llegará el día, en que el verdadero pueblo tome el gobierno en sus manos y construya una  escuela de formación de pescadores artesanales, quienes protegerán mejor el medio ambiente; elabore proyectos para brindar trabajo a muchas mujeres y jóvenes desocupados.
Y, han soñado también, que nunca más se designarán empíricos en la Dirección Nacional de Pesca Artesanal, sino a biólogos y tecnólogos marinos,  que trabajarán con conocimiento y abnegación por el desarrollo de la pesca artesanal en San Clemente, San Alejo y San Jacinto que también son Ecuador.
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