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Traslado del colegio Eloy Alfaro
Traslado del colegio Eloy Alfaro
Por: Alfredo Saltos Guale

Sábado 01 Julio 2017 | 04:00

Ciudadanos de Bahía de Caráquez han suscrito una comunicación a las autoridades, manifestando su oposición a que la reconstrucción del antiguo colegio se realice en un lugar diferente a su actual morada, que podría ser en la parroquia urbana Leonidas Plaza.

Habiendo indagado el fundamento de la inquietud, se dice que se trata sólo de un rumor, sin la correspondiente base documental, pero que demanda un tranquilizador desmentido oficial. En todo caso, no siendo raras las sorpresivas e inconsultas decisiones gubernamentales, es explicable el nerviosismo de la población, que ha constatado impotente cómo algunas de sus instituciones públicas y privadas, por las consecuencias del destructivo terremoto, fueron movilizadas sin compromiso formal de fecha de retorno, así ha sucedido con el IESS, las oficinas del SRI, el Banco Pichincha y otras, aumentando la sensación de soledad que prima en la otrora divina joya inmarcesible del Pacífico, destruida en su infraestructura y desgarrada en lo más íntimo del sentir ciudadano. 

Esta nota tiene carácter disuasivo frente a la posibilidad de que se adopte tan desatinada resolución, que agravaría el escenario desértico que prima en la ciudad, antes emporio de trabajo, comercio y dinámico acontecer turístico. La sola idea de reconstruir el centenario centro de estudios, cuna de una rebelde y sempiterna juventud, muy distante de su natal sitio, ha merecido el rechazo unánime, tiene que continuar en su mismo espacio, recibiendo el influjo de la vivificante brisa marina, simbolizando la gallardía y dignidad bahieñas, orgullo de alumnos y exalumnos, que en todos los rincones del mundo exhiben altivos el  emblema de ser manabita y haber transitado por las aulas del Alfaro, donde gracias a  las enseñanzas de probos, eruditos y severos maestros, siguieron exitosos estudios superiores, impregnando el sello indeleble de la formación  alfarina, básica para estructurar profesionales y hombres de bien, que honran distintas disciplinas del saber. 
Desplazar el histórico colegio de su hábitat original es como trasplantar un viejo roble enraizado en el suelo donde creció, llevarlo a otro medio equivaldría a su muerte, en este caso las raíces del colegio Alfaro están profundamente impregnadas en el corazón de los bahieños, de ayer y de siempre, sería propinar la estocada final al amor propio ciudadano, que no tolerará tremendo despropósito, acudiendo a los medios que la ley franquea para evitarlo, contando con la solidaridad de los alfarinos dispersos por el mundo, que al unísono condenan tamaña pretensión.   
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