Actualizado hace: 3 horas 6 minutos
El poder de la novela
El poder de la novela
Por: Mariasol Pons C.
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Martes 17 Enero 2017 | 04:00

Cuando una novela te engancha es como cuando te enamoras, pocas te enganchan de verdad y te tocan el alma. La novela tiene el poder de transportarte a mil lugares en la piel de mil personas diferentes, te hace sentir y pensar cosas que no te plantearías de otra manera.

Hace poco terminé una novela de esas características. Más de setecientas páginas que pueden espantar a cualquiera, sobre todo hoy que vivimos la era del corrinche y la poca concentración. Admito que su autora es una razón potente para dejar los prejuicios de lado y abrazar la aventura de empezar a leerla. Ayn Rand es una heroína, no sé ni siquiera si le hubiese gustado que la denomine eso.
En la novela se ilustra cómo en la vida se manipula el pensamiento y se utiliza la falta de creatividad para aniquilar la capacidad de creación del ser humano, convenciéndolo de que ciertos valores deben prevalecer sobre otros y así se convierte una masa pusilánime. Una masa que con tal de encajar el uno con el otro es capaz de dejar de lado todo su ser y copiar al ser ajeno. Así, el ser humano termina siendo un híbrido vacío. Pocos lo notan, pues viven adormecidos por los cantos de sirena de la opinión de los demás, del valor que otros dan a temas que uno puede considerar irrelevantes, sin embargo caemos presa de esa “valoración externa” que tan poco nos aporta. Quienes lo notan viven una lucha entre el qué dirán y los dichos propios, quien se da cuenta que está o ha estado vacío y no puede con ello sobrevive a la existencia rendido ante su incapacidad de defender su esencia.  
Luego está el héroe de la historia que logra mantener su esencia, sus principios e ideas, a pesar de que el sistema lo golpea una y otra vez ante la huella tan contundente de su rebeldía al no dejarse dominar, al no venderse al monstruo  de la esclavitud de las opiniones ajenas y el peso de la marea de la masa.
La autora defiende la filosofía del objetivismo, donde la razón es el mecanismo fundamental del pensamiento y la realidad. Rand descarta las teorías de que cada cual construye su realidad así como descarta la fe. Si suscribo su pensamiento o no es irrelevante, lo poderoso de leer algo tan contundente es que te lleva a cuestionar sus posturas; bien se puede mantenerlas o descartarlas, pero el ejercicio de planteárselas es un mérito inmensamente agradecido al autor que te arrincona de esa manera para forzarte a pensar.
Cada hombre y mujer decide cómo llevar su existencia en este planeta hasta que la misma se acaba. La experiencia enriquece exponencialmente la existencia y ese es el mérito supremo de la literatura y otros artes, que nos trasladan en un viaje mágico en nuestra propia capacidad de recrear y sentir asuntos que de otra manera no podríamos probar. La mente es un universo infinito que debemos explorar y explotar con el fin  de tener la mejor existencia que la vida nos regala.
 
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