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Tema del Día
Ellos vencieron la depresión

Cuando ellos se dieron cuenta, la depresión ya estaba allí, como una aguja atravesada en el corazón. Todo se volvió gris y amargo. Es raro, cuentan: un día estaban bien y al otro ya estaban con miedo, decaídos, como muertos en vida.

Lunes 16 Enero 2017 | 04:00

Son tres jóvenes y han vivido historias similares. Una noche se reúnen en un parque de Manta y conversan como si fuera una terapia de grupo. No hablan de drogas o de alcoholismo, sino de otra enfermedad, una más silenciosa, que cayó de un momento a otro como una piedra: la depresión. 
Hablan entre sí para encontrar palabras en las que identificarse, para no sentirse solos, en una forma de desahogo, para dar testimonio de su victoria. No quieren que sus nombres reales sean publicados. 
”Llámame Jhon”, dice uno, el mayor de los tres, de 27 años, y estudiante de Ingeniería. Y empieza a contar. Una noche bebió más de la cuenta y al día siguiente vomitó hasta la bilis. 
Días después no soportaba ni tomar agua y fue al médico. Le detectaron gastritis, pero ese no fue el problema sino que Jhon se volvió depresivo, un ser nervioso. 
Creía tener otra enfermedad, una más grave que la gastritis y su mente le daba vueltas al asunto y creaba síntomas.
Por fuera, Jhon se iba marchitando. Ya no quería ver amigos, ni jugar al fútbol, deporte que antes tanto amaba. Así, en cama, comiendo apenas para no morir de hambre, Jhon estuvo cuatro meses. Buscó ayuda en el yoga, pero cree que lo que puso un poco de luz en medio de la oscuridad que había en su cabeza, fue un diagnóstico general que le decía que él estaba sano, que no tenía cáncer, ni leucemia. 
Entonces, remando desde el fondo de su alma, venciendo el miedo, empezó a salir, a tomar sol, a luchar contra ese enemigo que se había apoderado de él hace cuatro meses. Hoy, un año después, Jhon ya puede sonreír. Por fuera es el mismo que era antes de la depresión. Pero por dentro, explica, algo hizo “crack”, se rompió.
“No he vuelto a ser el mismo, pero vencí una batalla contra la depresión. Lo hice cuando me di cuenta de que prefería vivir afuera, a morir encerrado en mi casa, triste, sin hacer nada”, confiesa.
Por eso ahora se dedica a vivir andando en bicicleta y quiere recorrer el continente como mochilero porque dice que si vive, la depresión no pasará de ser una pequeña punzada en el corazón.
Otro testimonio. Cuando Luis (25) llegó al consultorio del enésimo doctor al que asistía, al médico le bastó con verle el semblante para darle un diagnóstico: “Usted está deprimido”, le dijo. 
Lo cuenta Luis, mientras sus amigos lo escuchan en la banqueta del parque. Ahora, cuando lucha a diario para no dejarse vencer por la depresión que siente en el fondo de su alma y que no se puede quitar de encima por lo que intenta conocer a su enemigo para luego defenderse. 
Pero para conocerla y no caer en sus redes, tuvo que pasar seis meses con una depresión que no le permitía ni salir a tomar la luz del sol y que le hacía temer la caída de la tarde. Tuvieron que pasar una decena de consultas a distintos médicos que le dijeron que él estaba sano, que los exámenes habían salido bien. No sabían que el problema de Luis estaba en el fondo de su cabeza, y que lo hacía sentir ansiedad, escalofríos, un vacío en el centro del pecho, terror al salir a la calle, y perder peso. 
Hasta que un doctor le diagnosticó la depresión y empezó a medicarlo. Atrás iban a quedar las veces en que deseó que le saliera algo en los exámenes que le explicara por qué sentía tanto dolor en el pecho, en la cabeza, por qué tanto desgano.
Pero Luis cree que las pastillas no fueron la solución. La solución, al igual que la depresión, reflexionan los tres amigos, estaba dentro de él. Un día traspasó la línea del miedo, fue hasta el mercado y compró una bicicleta vieja. En los días siguientes se dedicó a  arreglarla.  “Eso me ayudó a ir saliendo”, cuenta. 
Eso y el deseo de dejar de ver a su madre sufrir por él. Y también su novia. Y luego los viajes que hizo venciendo el miedo, aunque fueron muchas las veces en que en medio de un viaje percibió que estaba a punto de darle un ataque de pánico, pero pudo controlarlo, porque esta vez conocía al enemigo.
Ahora lleva una vida normal, sonriendo, sin que la depresión le impida tomar el sol, vivir.
La infancia. La pelea de José (25) contra la depresión ha sido mucho más larga y silenciosa que la de Jhon y Luis.
Empezó de niño, cuando de pronto sintió que perdía la inocencia tras enterarse de que un tío había muerto de forma inesperada. Esa noticia, escuchada a los 8 años, hizo que su percepción de la vida cambiara. “Me di cuenta de que éramos mortales y eso hizo que la idea de morir me aterrara. Me imaginaba metido en un ataúd y esa imagen me deprimía”, explica.
Entonces la alegría de la infancia se apagó. Sus padres, preocupados, lo llevaron a un psiquiatra. Él decidió medicarlo. Pero ahora José no cree que las medicinas lo hayan curado, sino su deseo de volver a jugar, de volver a integrarse. Aunque ya han pasado casi dos décadas desde que un médico le detectó depresión, José a veces siente síntomas de la enfermedad, pero ahora, como conoce al enemigo, suele espantarla de la única manera que sabe: viviendo.
“Por el miedo a morir, uno pierde las ganas de vivir. Ahora cuando me vuelve esa imagen mía metido en un ataúd, salgo a correr o hacer ciclismo, o busco motivos por los que es grandioso estar vivo”, dice.
Isabel Figueroa, psicóloga, señaló que hay varias causas para que una persona sufra de depresión. Algunas de ellas pueden ser causas genéticas (algunas personas heredan la enfermedad), química cerebral y condiciones médicas.
Figueroa explicó que la depresión afecta la composición química del cerebro, ya que los neurotransmisores son sustancias químicas que ayudan a transmitir mensajes entre las células del cerebro.
Algunos neurotransmisores regulan el estado de ánimo. Cuando una persona sufre de depresión, explicó la especialista, estos neurotransmisores pueden estar a niveles bajos o desequilibrados.
Según la especialista, el uso de alcohol y drogas también puede ocasionar cambios químicos en el cerebro que afectan el estado de ánimo.
Ella recomendó a que las personas que tengan síntomas de depresión busquen la ayuda de un psicoterapeuta para que les dé herramientas para combatirla. 
La clave, explicó, es que el paciente ponga de su parte: que practiquen deporte, que se involucren en una actividad que les guste, que piensen positivo, que se reencuentren a diario con su interior. “Conocerse es la clave”, explicó Figueroa.
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