Actualizado hace: 10 horas 3 minutos
Carlos recibió un disparo en la cara a los 18 años

Carlos Andagoya no obedeció a sus padres y esa decisión casi le cuesta la vida. Era la madrugada del 1 de enero del 2007 y por haber ido a dejar a una amiga hasta su casa recibió un disparo en la cara.

Miércoles 11 Enero 2017 | 15:00

En esa época Carlos tenía 18 años de edad. El tiro lo mantuvo en estado de coma por dos meses.

Fiesta. Camina lento, perdió la motricidad del costado izquierdo del cuerpo, así como la visión del lado derecho.
Carlos había llegado de Guayaquil, ciudad en la que estudiaba para ser psicólogo.
Llegó a celebrar el fin de año con su familia en la parroquia Venus de Quevedo. 
Cuando estaba en casa varios amigos le propusieron ir a una fiesta, donde se encontraban otros conocidos.
Carlos pidió permiso a sus padres para ir, pero ellos le negaron la salida. Él quería ir y decidió escaparse. Minutos después fue a bordo de su motocicleta.
Recuerda que en la fiesta  la pasó muy bien, pero al notar que ya casi eran las 04h00 pidió a sus amigos que le acompañaran para que sus padres no lo castigaran, pero ninguno quiso hacerlo.
Decidió entonces volver solo. En el trayecto se encontró con una amiga del colegio que le pidió que la trasladara hasta su casa.
Disparo. Cuando llegó a la casa de su amiga un hombre que supuestamente era el conviviente de ella, se le acercó y le dijo “hoy te mueres” y le disparó en la cara. 
El proyectil ingresó por el ojo derecho y se alojó en el cerebro. “Lo único que recuerdo es que la sangre no dejaba de salir. Fue como un fuerte golpe en la cabeza, como un garrotazo”, indicó.
Fue internado en una clínica de Guayaquil. Estaba grave y en estado de coma. 
Los médicos le dijeron a la familia que lo desconectaran, ya que no había esperanzas de vida. “Estuve en Nueva Jerusalén y sentí la presencia de Dios. Me decía que no guarde rencor contra la persona que me había hecho daño”, expresó.
Cuando estuvo en coma siempre Dios caminaba junto a él, pero no  podía verle la cara. ‘‘Es un lugar donde no anochece, no hay cansancio, hay felicidad, no corre el tiempo’’, indicó.
Después que salió del coma quedó en estado vegetativo y permaneció acostado casi un año. 
Luego de largas sesiones de terapias volvió a caminar, pero no muy bien. Cuando recuperó la movilidad volvió a estudiar en Guayaquil, donde se graduó.
Ahora es Psicólogo Clínico, da charlas y es parte del centro de rehabillitación “Restaurando tu vida” en Quevedo.
Carlos dice que no guarda rencor y agradece a Dios por haber vuelto a nacer.
 
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