Actualizado hace: 40 días 3 horas 44 minutos
Legado de arte y elaboración

En Pamatug, parroquia García Moreno, cantón Pelileo, Rodrigo Perrazo y su esposa María Sara Villegas fabrican sombreros de paño.

Lunes 09 Enero 2017 | 04:00

En su taller elaboran sombreros para las comunidades indígenas de Tungurahua, Chimborazo y Cañar, señala una publicación de diario La Hora.
Esta es una tradición familiar. Rodrigo adquirió la habilidad gracias a la herencia de sus padres Manuel Perrazo y Rosalía Villegas, los cuales le enseñaron este arte.
“Esta parroquia fue la pionera en la elaboración de sombreros en esta zona, en la actualidad solo seis familias se dedican a esta actividad porque es un trabajo muy sacrificado y no hay rentabilidad”, menciona. 
Él se especializa en los modelos que utilizan en Cañar, además de Santa Rosa y Ambatillo, en Tungurahua.
 Producción y jornada. En su vivienda funciona el taller de Rodrigo. El lugar es pequeño y tiene un fogón, donde arde la leña. Rodrigo empieza su jornada desde muy temprano.
Sobre el fuego coloca una plancha de metal para secar la tela de paño, con la cual se fabrica el sombrero, y poco a poco da forma a la prenda con pegamento de carpintero, “eso le da dureza”, cuenta.
Mientras coloca la fibra en las rústicas hormas de eucalipto, asegura que se requieren varios materiales. “Primero hay que acomodar y preparar la lana, que en fibras se pone en una plancha que a su vez se acomoda encima del fogón para que se seque. Luego se pasa a remojar en agua hervida; quiera o no, aquí sí se queman las manos”, afirma.
Su mesa de labor está llena de cascajos planos y redondos, estos se utilizan en el momento de blanquear y alisar la prenda.
“La confección ya no es en grandes cantidades como lo era antes, porque la gente indígena casi ya no usa esta prenda”, señala. 
La materia prima. En las hormas de madera de eucalipto acomoda la fibra y con golpes moldea y da forma al sombrero. 
En la elaboración de una sola prenda puede tardarse uno o dos días. 
“Se fabrica solo por pedido. En la actualidad se saca dos o tres sombreros a la semana”, manifiesta Rodrigo, quien agrega que es un trabajo duro y sacrificado.
Una vez dada la forma, con habilidad y una técnica que únicamente él conoce, utiliza harina de maíz para darle ese color blanco característico de los sombreros.
Según Perrazo, la lana que se usa hoy en día viene procesada y le entregan desde Quito. 
“Antes sí trataba yo mismo la lana de borrego que compraba a los salasacas, pero por ser una labor fuerte y requería de un tratamiento largo, hace mucho que dejé de hacerlo”, asegura. 
Patrimonio cultural. El sombrero de Pamatug identifica a los habitantes de Juan Benigno Vela, Chibuleo y Pilahuín, en Tungurahua. 
“Es una tradición llevarlo puesto, sirve para protegerse de los rayos del sol. Es un orgullo para ellos vestirlo”, comenta el artesano Rodrigo Perrazo.
Manuel Agualongo es su cliente. Viste elegante con su poncho rojo, pantalón y el sombrero blanco. 
“Es un oficio que se pierde de a poco, pues los jóvenes están dejando de usar esta prenda importante”, señala. Sus clientes, para adquirir la prenda, le hacen el pedido con 15 días de anticipación para que así don Rodrigo y su esposa puedan preparar todo el material necesario. En un mes ha logrado hacer hasta 10 sombreros.
 
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