Actualizado hace: 37 días 8 horas 13 minutos
Autoridad de dominio
Autoridad de dominio
Por: Eduardo Aráuz Fernández

Viernes 06 Enero 2017 | 04:00

Se sabe que un gran hombre no se debe creer un gran hombre, se debe creer y en efecto así lo es, nada menos y nada más que un simple mortal.

El orgullo mal entendido, la prepotencia y arrogancia tienen que evitarse para no terminar siendo odiado, infeliz y despreciado. Hay que recordarle a esta clase de gente, que aquellos que desprecian a sus semejantes, tarde o temprano sentirán en carne propia mayores desprecios y humillaciones. La autoridad bien ejercida es necesaria para el buen funcionamiento de la familia, de la sociedad, de las empresas y del mismo gobierno, etc.

Pero, ejercer la autoridad como dominio, tiene que ver con el modo dictatorial y arbitrario de controlar, dirigir y acaparar todo. Generalmente se basa en el miedo, en la sospecha y en la imposición. En este esquema no hay espacio para la información, el diálogo, ni la confrontación. El líder piensa y decide y el súbdito obedece sumisa y pasivamente. El que practica la autoridad como dominio además se cree el amo o dueño de todo y trata de imponer siempre su omnímoda voluntad. Cree tontamente que siempre tiene la razón y, en consecuencia menosprecia cualquier opinión por muy sensata y realista que sea. En el fondo, sin embargo, este tipo de gente, siente un miedo pavoroso en perder el poder que le da tal autoridad. Para defenderse se vuelve irónico y cruel con los que considera inferiores, y no duda en cualquier barbarie a cualquier costo con el fin de seguir mandando…
En estos tiempos donde el valor de la palabra se extravió es vital y necesario adoptar por parte de nuestros gobernantes, actitudes y decisiones alentadoras, acertadas y coherentes. Lastimosamente, absortos observamos que no es así. Sorpresa mayúscula para aliados y no alineados causó la presentación del malhadado proyecto de ley de plusvalía, que de seguro lo aprobarán en enero los tristemente alza manos; se demuestra con este absurdo que nos imponen una autoridad de dominio equivocado. Esta terquedad será un nuevo atentado al derecho sano de la gente a progresar, justamente cuando padecemos una contracción económica. Señores del gobierno, la plusvalía es el interés que se gana en la inversión inmobiliaria, y recuerden que nadie compra pan para vender pan. ¿Cuál es el afán para empobrecer aún más a la gente?
Si la ganancia extra, como dicen es ilegítima e inmoral, entonces, porque tienen que ir a las arcas de socios vagos no deseados. Por qué el esfuerzo, trabajo y ahorro de las familias ecuatorianas tienen que beneficiar a terceros; es evidente esa máxima filosofía socialista que “El vivo vive del tonto, y este de su trabajo”.
Sugiero al candidato del continuismo que sí aspira competir en una segunda vuelta con la abogada Cynthia Viteri, declare en contra de esta ley terca y necia. Definitivamente hay que cambiar la historia en las próximas elecciones, necesitamos un nuevo gobierno que reivindique nuestro escamoteado derecho a una vida más justa, equilibrada y sobre todo más digna a través de un cambio positivo que rescate la democracia y dignidad de todos los ecuatorianos.
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