Actualizado hace: 15 horas 55 minutos
Costumbre
“El regocijo del diablo”

¡Achachay!, ¡arrarray! y ¡atatay! son las palabras que desde el domingo hasta hoy se escuchan de boca de los “diablos”.

Viernes 06 Enero 2017 | 04:00

Es la “Diablada Pillareña”, que desde enero del 2009 se celebra y es parte del Patrimonio Cultural Intangible del Ecuador.

A las partidas, o más conocidas como comparsas de Guanguibana, La Paz, La Florida, Rocafuerte, Robalinopamba, Marcos Espinel, Chacata El Carmen, San Vicente de Quilimbulo, San Andrés, Santa Marianita, Tunguipamba El Rosal y Cochaló, anunciadas inicialmente, se unió la de la organización Minga Cultural.
Esta última apareció primero por las calles de Píllaro la tarde del domingo. 
Blasco Sánchez, coordinador del grupo, aseguró que trabajan para que las actividades que son parte de la cultura pillareña, como la Diablada, se fortalezcan, según publicó diario El Universo.
Timoteo Chasi, cabecilla de la partida del barrio Rocafuerte, comentó que la Diablada Pillareña es parte de la cultura ancestral de Píllaro y que por esa razón se motiva para que los niños sigan la tradición, que es única en el país, sostuvo.
La diablada. Recordó que hay un acuerdo con el municipio para que cada partida se apegue a lo que es la Diablada Pillareña, que excluya la participación de personajes que nada tienen que ver con esta comparsa, además que la vestimenta sea la auténtica.
En cada partida, se asegura, participan por lo menos 200 diablos, sumados a los capariches (barrenderos), que son los que abren la participación de cada comparsa, guarichas (hombres vestidos de mujeres), parejas de línea y banda de pueblo, son 400 personas.
El alcalde Patricio Sarabia señaló que desea que en el 2018 haya más de las trece partidas de este año, para fortalecer más la cultura ancestral.
El comienzo de la Diablada fue cuando a los indígenas de la colonia les daban un día al año para el descanso, que era aprovechado para disfrazarse de diablos con el fin de distraerse, así como para protestar por la opresión, abuso y represión de los que eran víctimas.
Historia. La Diablada de Píllaro es una celebración popular que ha crecido en la última década. Según cuenta la historia, en épocas coloniales los indígenas se disfrazaban de diablos en repudio a las prédicas sacerdotales y al maltrato físico, psicológico, económico y moral que recibían de los españoles.
Los diablos de Píllaro son los personajes populares de esta fiesta. Ellos visten atuendos especiales, cuya confección es el resultado de mucho tiempo y esfuerzo. Sus máscaras son elaboradas artesanalmente, su base principal es un molde hecho en bloque de tierra al que se le adhieren varias capas de papel cauché empapadas en engrudo, y que se las deja al sol para que adquieran dureza. Luego añaden cuernos y dientes de diferentes animales como cabras, venados, corderos, toros; se le da colorido en varias tonalidades, sobresaliendo el negro y el rojo.
También antes se creía que toda persona que bailase con ese disfraz debía bailar por 12 años consecutivos, para que no la cargara el diablo.
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