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El suelo perdió resistencia por el terremoto

Tras el sismo del 16 de abril el suelo perdió resistencia de casi el 50%.

Lunes 18 Julio 2016 | 04:00

Antes del 16A el suelo tenía una capacidad portante de 8 y 10 toneladas (t) por metro cuadrado; ahora tiene de 4 a 6 t; es decir, que se ha perdido casi el 50% de resistencia por efecto del sismo.

Así lo indicó Marco Peñaherrera, ingeniero especializado en estudios de suelo, quien explicó que los suelos en los estratos superiores se han expandido y eso provoca que el suelo pierda su capacidad portante (resistencia).

Es que no solo en Portoviejo sino en otros cantones “tenemos suelos aluviales, de granos muy finos (limos, arcillas) que han producido ese esponjamiento y por eso el suelo tiene esa baja resistencia, que se da no solo en zonas cercanas a ríos sino en todas partes”, indicó.
El especialista señaló que en Pedernales, Canoa, Rocafuerte, Manta, donde ha hecho estudios, hay los mismos problemas. 
Sobre los problemas en zonas cercanas al río, explicó que el desazolve genera una presión interna en el nivel freático contra la presión externa del agua del río, “que estaba a ‘full’, lo que hizo que esa presión en el momento del sismo genere una contrapresión y falle el talud por la curva del nivel freático, por eso se van las casas construidas a lo largo de las riberas”.
Informe. El Instituto Nacional de Investigación Geológico Minero Metalúrgico del Ecuador (Inigemm), adscrita al Ministerio de Minería, realizó un estudio de movimientos de masa que se desencadenaron por efecto del terremoto en vías de la provincia. 
Roberto Vásconez y Valeria Quilachamín, ingenieros geólogos del Inigemm, indicaron que si bien trabajaron en vías también estuvieron en las zonas aledañas a la “zona cero” y observaron casas caídas, pero calles no fracturadas, lo cual lleva a pensar en fallas en los rellenos de las construcciones porque el sismo debió causar ambos daños.
Durante 15 días 31 especialistas en Geología recorrieron las zonas afectadas en Manabí y Esmeraldas.
Vásconez dijo que “los movimientos en masa no son de gran magnitud; lo que nos dimos cuenta es que lo que falló son los rellenos de las vías debido al movimiento sísmico, generando fracturas, hundimientos, movimientos ligeros en los puentes, mas no en la roca firme”.
Mientras que Quilachamín señaló que del estudio realizado en Portoviejo los resultados determinan que “la ciudad está emplazada dentro de lo que son terrazas aluviales, que es material que deja el río después de su paso, por lo que debería realizarse un estudio más a profundidad, geotécnico, geofísico, hidrogeológico, para determinar dónde está el nivel freático que afecta en las construcciones y con eso hacer un mapa para ver cómo se va a ubicar la zona afectada”.
Es que en la capital manabita, según estos especialistas, se ha encontrado un alto nivel freático a uno y dos metros y “cuando existe agua y pasa una onda sísmica, lo que se produce es que ayude a la expansión de la onda”, recalcó la geóloga.
El estudio de movimientos de masa fue entregado al Municipio de Portoviejo, indicándose que es información base para la contratación de estudios complementarios.
 
MOVIMIENTO. Pero Peñaherrera señaló que “no se puede lanzar opiniones de que algo está mal hecho, hay que basarse en fundamentos técnicos y científicos”.
Agrega que “el sismo del 16 de abril fue doble, se confundieron dos ondas sísmicas y se generó un proceso de amplificación de la onda por efecto de resonancia y en ese momento ninguna estructura que esté en un sitio donde la onda actúe de esa manera puede resistirlo”.
Explicó que en el momento que se produce el sismo, la crespa de la onda empuja al edificio, lo desplaza, y en el momento pasa la cresta, el edificio se regresa y cae la segunda onda, casi al mismo instante, de tal manera que no le permite una regresión total y golpea la parte de abajo. Por eso se produce la rotura en los primeros y segundos pisos. Entonces, una estructura que está expuesta a este sistema siempre tiende a fallar”.
 
Construcciones. Peñaherrera contó que hizo los estudios de suelo del edificio La Previsora y del Seguro Social ubicado en las calles Pedro Gual, entre Chile y Alejo Lascano.
En el caso del edificio La Previsora y el Palacio de Justicia dijo que fueron hechos con personal especializado y cálculo estructural. 
“En La Previsora se recomendó pilotes y no se puede decir que ambos edificios están mal hechos”, agregó.
En el caso del Centro Médico del Pacífico “no está mal hecho, por esa razón no se cae sino que se fracturó el quinto piso, pero no se puede olvidar que siempre va a haber un efecto letal en cuanto se refiere a los sismos”.
Y recalcó que “antes no se hacían estudios; del 80 por ciento de edificios caídos pocos tenían estudios de suelo”.
 
Normas. Pero también está la otra parte, la de las construcciones mal hechas. Carlos Villacreses Viteri, ingeniero civil y docente de la Universidad Técnica de Manabí, señala que “es una combinación de las dos cosas. Hay un tema de suelo, de compactación de relleno, y otro estructural por falta de cumplimiento de normas técnicas que determinan la geometría que debe tener un edificio en zonas sísmicas”,
Explicó que “las geometrías deben ser ortogonales, que armen ángulos de 90 grados, no columnas aisladas en planta y en elevación porque las columnas deben ser simétricas, columna bajo columna y sobre columna, y al mismo nivel de viga. Si no tenemos eso el mismo código las determina como irregulares.”.
Sobre el suelo recordó que si no se compacta bien “cuando viene una fuerza sísmica, no estática, se hunde y en las partes que está débil se fractura una estructura rígida o semirígida, que son las de hormigón armado”.
Y para el caso de estructuras antiguas de madera que también fallaron dijo que no tienen otra explicación que un suelo que “por exceso de humedad o falta de compactación se licuó, se movió y perdió sustento”.
Insistió en la necesidad de hacer un buen relleno, pero que se vaya compactando por capas, porque no se trata solo de poner el material sobre material sino compactar cada capa antes de poner otra.  
 
CONTROL. Villacreses dijo que “dentro de la tragedia dolorosa, que ojalá no se repita, los ingenieros y el pueblo hemos aprendido una gran lección: que los libros no están para verlos sino para asimilarlos y poner en práctica lo que dice en ellos porque las normas están claras”.
Esto con relación a la falta de control en las construcciones, especialmente en los municipios que son los llamados a ejercer esta competencia.
 
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