Actualizado hace: 10 horas 14 minutos
Portoviejo
Tyrone se salvó de morir en el 16A y ya regresó a “taxiar”

La noche del 16 de abril del 2016, el taxista Tyrone Yépez fue el protagonista de una película de terror. Sucedió en el terremoto.

Viernes 15 Julio 2016 | 08:30

Tyrone estaba frente a la Mutualista Pichincha esperando que el semáforo cambie de rojo a verde, cuando la tierra empezó a moverse. Vio que frente a él los postes se movían y amenazaban con aplastarlo, buscaba la calle Pedro Gual cuando otro poste le cerró el paso, los gritos de terror de los moradores de los edificios caídos lo asustaban; tampoco había luz, lo que hacía más grave la escena, por lo que puso las intensas del taxi.

Los edificios se desplomaban “a sus pies” o a sus llantas. En un momento, un taxi también huyendo hizo que se orille más, allí le cayó una losa del edificio de venta de repuestos JC; la pesada estructura de hormigón no le dio tiempo a nada y aplastó el 75 % del carro: dejó hecho “estampilla” los asientos traseros, el asiento del copiloto, pero increíblemente solo rozó al piloto que quedó ileso. Tampoco le pasó nada a una Biblia que siempre llevaba en el vehículo.

Un ángel. En medio del caos Tyrone creyó que se había metido al edificio y lo había dejado aplastado. Recuerda que en ese momento no supo reaccionar, estaba impávido luego de haber vivido una aventura aterradora evadiendo cuerpos, postes y más estructuras de hormigón.
Reconoce que ya no tuvo más reacción, estaba agarrado al volante con la mirada desorbitada, con la puerta del carro bloqueada, entonces, dijo, apareció alguien a quien nunca en su vida había visto. Ese ser le golpeó el vidrio y le alumbró con la luz de un celular.
El taxista seguía sin reacción, el joven le dijo que saliera y lo ayudó a escapar por la ventana del carro. “Corre... corre... hasta el parque central...”, le señaló el desconocido.
Vuelve. Luego de esa aventura este padre de familia quedó gravemente afectado en su carácter, no era para menos. El auto Chevrolet Sail que había adquirido a crédito en el 2013 y lo había terminado de pagar en febrero del 2016 quedó muy destruido.
Este sobreviviente de la mayor tragedia que ha vivido Manabí señala que la única ayuda que ha recibido es de su familia y amigos. Inicialmente pidió un crédito a la Corporación Financiera Nacional por medio de la Unión de Taxistas, pero no tuvo éxito, luego desistió de hacer más trámites y cayó en depresión. Sin embargo, luego de varias semanas las cosas empezaron a cambiar: su hermano Jaime lo alentaba a no desmayar, también su primo Kiko, y recibió el apoyo de sus suegros, todos le decían que siga adelante, pero sin dinero y sin carro no tenía mayores esperanzas.
No obstante, luego lo llamó una dama de la Chevrolet y le dijo que lo ayudaría a vender el vehículo como estaba, pues el motor no había sufrido ningún daño. Así logró vender el Sail en 4 mil dólares, su hermano Jaime le prestó 2 mil, con lo que regresó a Chevrolet y con esa “entrada” sacó un nuevo carro.
Desde hace dos semanas Tyrone está nuevamente en las calles “taxiando”. El nuevo vehículo está forrado de frases y nombres que recuerdan lo que vivió. Primero hay rostros de Jesús en varias partes, pues este taxista está seguro de que la intervención divina lo salvó. Luego están los nombres de quienes lo ayudaron: Úrsula y Clotario (suegros) están en los vidrios traseros; Jaime y Kiko están en los delanteros, sus hijos Jairo y Johao van adelante y en la parte superior del parabrisas está su nombre con el de Jessy, su esposa. Toda esta pizarra móvil se remata con la frase “Volví a nacer” que refleja su estado de ánimo. Lo único que recuperó del viejo taxi fue la Biblia que sigue en un lugar preferencial en su nuevo vehículo.
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