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Epidemia de candidatos

Cualquier ciudadano del Ecuador puede tener las justas aspiraciones de presentar su nombre para ser candidato a la presidencia de la República, siempre y cuando cumpla con los requisitos de la Ley y sea una persona idónea en todo el sentido de la palabra; y nadie debe enojarse por hacerlo. Sin embargo, hay que hacer una profunda reflexión para tener las agallas suficientes y llegar a la conclusión de si tiene algún “chance” lógico de no hacer el papelón y tener un rotundo fracaso en las elecciones generales que se darán en el año 2017.

Jueves 14 Julio 2016 | 04:00

¿Y qué se necesita para ser un buen candidato y lograr la aceptación de los conciudadanos? No existen reglas, normas, factores intrínsecos de la personalidad o factores externos que nos den la fórmula mágica para obtener el candidato perfecto, idóneo, el redentor de los pueblos, el sabelotodo, que va a dirigir la nación en forma adecuada. No importa la cantidad de títulos a nivel terciario o de cuarto nivel, porque si la persona no tiene una personalidad estructurada, un desarrollo emocional adecuado y una salud física y psíquica, de nada valen los diplomas, los títulos “honoris causa”, los doctorados de conveniencia otorgados por universidades nacionales o extranjeras.

El aspecto personal es fundamental, no puede ser un individuo que sea fronterizo entre la salud mental y la psicopatía, que tenga rasgos esquizoides, que sea un psicópata social o signos y síntomas de psicosis, depresiones severas, trastornos de la personalidad, porque tendremos un mandatario agresivo, prepotente, con una autoestima y autogestión elevados pero falsos.
Necesitamos una persona centrada, cuerda, tranquila, reflexiva, sin odios ni resentimientos, traumas graves en la infancia que por lo general son los grandes sátrapas de la historia, fulanos crueles o genocidas como Hitler, Stalin y muchos más que han ensangrentado sus manos con cientos de miles de asesinatos personales y en masa, como los genocidios de los judíos en la segunda guerra mundial.
Debería presentar un perfil psicológico, como el que se exige cuando un joven quiere estudiar medicina o una carrera de las ciencias de la salud; o cuando quiere ser policía o soldado o piloto de avión, así el pueblo sabría por quién votar para el primer cargo del país. Conocer que no tenga adicciones al alcohol, a las drogas como marihuana, cocaína, heroína; o si se ha recuperado, que lo diga.
Debe tener una hoja de vida intachable, que no tenga antecedentes penales, que haya demostrado ser un individuo de bien, un caballero a carta cabal, una honestidad a toda prueba; ser un buen hijo, padre, hermano, esposo y gozar de salud mental y física. No podemos equivocarnos con argumentos emotivos y con ideologías populistas que tanto daño nos han hecho.
 
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