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La escuela rafael maría mendoza

En mayo del año 1955, el entonces presidente de la República, doctor José María Velasco Ibarra, inauguró esta legendaria institución educativa llamada “Modelo”, porque nunca antes la ciudad había contado con una escuela, cuya estructura envuelta en belleza creativa y arquitectónica; y porque, en efecto, se convertiría con el pasar del tiempo en un modelo de enseñanza.

Domingo 10 Julio 2016 | 04:00

Ese día de la inauguración yo asistí con mis cuadernos de niño pobre, pero de padres muy responsables, al primer grado. Es decir, yo fui uno de quienes inauguró la escuela”Modelo”.

Tuve muchas oportunidades de estar en “mi escuela”, como yo la llamo aún; y siempre, al encontrarme con las maestras de ahora, y reconociendo sin explicación alguna mi histórica vinculación, les contaba mi historia diciéndoles por aquí andan mis pasos de niño; por aquí, mis primeras redacciones felicitadas por los históricos maestros que tuvimos; por aquí mi voz, ensayando el falsete de un huapango mexicano...
Pasó el tiempo y, de pronto, un 16 de abril, la naturaleza feroz se ensañó con la ciudad querida, que a la postre es el resultado final de muchos factores perfectamente identificados después de la tragedia, que ha dejado a la ciudad postrada ante el dolor y el desencanto. Confieso que mis ojos aún no han visto lo ocurrido. No me atrevo a reconocer dicho espectáculo de destrucción y muerte, a sabiendas que por donde vaya están mis raíces, están mis huesos, mi risa, mi llanto. 
Y cosa paradójica, en ese sector donde la violencia natural se volvió polvo doloroso, está mi escuela; oronda, maravillada, orgullosa, parada, impertérrita. Pues, a sus estructuras no se le cayó ni un solo ladrillo.
La emergencia, sin dudas comprensible, obligó a buscar otro ambiente para que maestros y alumnos empiecen el año lectivo; a lo mejor no como debió ser, (porque la tragedia a todos nos modificó la vida y sus quehaceres), pero sí con la alternativa luminosa de enseñar y aprender. 
Y este comentario viene a propósito de muchas elucubraciones que respecto de “mi escuela” escucho, como que la van a desaparecer, como le van a cambiar de nombre, como que la van a fusionar con otros centros educativos. 
Todo ello, sin dudas, de ser verdad, constituiría un grave despropósito que entristecería más la ciudad y a sus alicaídos habitantes, al privarla de un ícono educativo, que para suerte nuestra, la tragedia ni siquiera la rozó...
Al señor alcalde de la ciudad, a las autoridades educativas y todos quienes tengan que ver con la tragedia ocurrida y sus efectos de reconstrucción, que tengan la claridad debida para que la escuela Rafael María Mendoza siga funcionando en su propio local, que gracias a Dios no le pasó absolutamente nada. Eso sí, hay que adecentarla. Nada más...
 
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