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Iniquidad Manabita
Iniquidad Manabita
Por: Johnny Medranda Mera

Viernes 08 Julio 2016 | 04:00

Cuando escuché la palabra ‘iniquidad” pensé que estaban hablando de “inequidad” o “desigualdad’, que es lo mismo. Tuve que preguntarle a Mr. Google qué era “Iniquidad”.

Viene del latín “iniquitas, iniquitatis” que se traduce como “cualidad del injusto”. Cualidad es algo internalizado; injusto es todo lo incorrecto y malo. Partiendo de allí nos preguntamos cómo llegamos a ser “inicuos”. No me pierdan el hilo porque esta reflexión es para todos nosotros los manabitas. 

Todo nace del pensamiento. El momento que pensamos algo malo y actuamos sobre ello cometemos algo incorrecto o malo. Si no nos retractamos de ello genuinamente y lo continuamos haciendo, se convierte en una rebelión contra algún tipo de principio moral. Esa rebelión o incapacidad de retractarnos o arrepentirnos en el corto plazo nos conduce a la iniquidad. Ese continuo acto incorrecto, llámese promiscuidad, adicción, pereza, glotonería, etcétera, se internaliza en nuestro ADN moral. Lo llevamos en la sangre. Aquí viene lo triste. Esa iniquidad que la llevamos en nuestro ADN se los trasmitimos a nuestros hijos y así nuestras futuras generaciones seguirán padeciendo del mismo mal. ¡Una herencia forzada!,. En gran parte somos historias repetidas. Mirémonos un rato al espejo y hagamos esa reflexión.
Pero un árbol no crece sin dar frutos. Los resultados de esa iniquidad se manifiestan en nuestras circunstancias. La iniquidad trae infelicidad, pobreza, despojo, hambre, desempleo, aflicciones de todo tipo, quiebras, improductividad, desaciertos y mil otras cosas. Nos convertimos en víctimas no de nuestras circunstancias, pero de nuestra iniquidad o continua indulgencia en seguir cometiendo ese acto que degenera nuestra humanidad y que nos conduce a nuestro fracaso. Nuestra iniquidad se convierte en maldición, una maldición que arrastrará a la mayoría de nuestras futuras generaciones.
¿Cuál es nuestra iniquidad que en su colectivo tienen a Manabí en una pobreza económica, moral y social? Ojo, no todos son así. Habrá muchos que se pueden golpear al pecho y decir lo contrario. ¡Bendito seas si eres uno de ellos!. Pero hasta tanto, reflexionemos sobre la necesidad de fracturar esa iniquidad y salvarnos de nosotros mismos y con ello a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Para ello es sentido común pensar que se necesita una retractación o arrepentimiento permanente. Tal vez el terremoto 7,8 fue una pequeña advertencia de qué tan frágil es nuestra humanidad y que somos solo pasajeros en un tren donde solo nosotros decidimos en qué clase viajar y a qué destino llegar. 
Reflexionemos en que si no nos convertimos en guerreros del bien, nos convertiremos en instrumento del mal. 
 
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