Actualizado hace: 7 horas 58 minutos
Francisco Ponce MuñOz
La condición humana y la política

Resulta que en el proceso evolutivo del ser humano ocurre una búsqueda permanente del buen vivir, tratando siempre de escalar posiciones; y luego de alcanzar una etapa buscar algo mejor, es decir, en su mente domina el deseo de seguir progresando, lo cual es bueno y normal.

Jueves 21 Enero 2016 | 04:00

Pero a medida que avanza va adquiriendo poder, el cual, si es usado egoístamente,  determina que en su ambición de tener más bienes haga uso y abuso de ese poder, en detrimento de sus congéneres, lo cual lamentablemente es una realidad.
Pero además, en sociedades como la nuestra, en donde como consecuencia de lo anterior ha aparecido el paternalismo, mecanismo por el cual muchos ciudadanos en su deseo de crecimiento económico buscan obtener favores o beneficios de algún tutor de turno,  sea este público o privado, y luego que consideran que ese benefactor ya no puede dar más, acuden a otra instancia o “mesías” para que le proporcione lo que él considera de justicia.  Y ese comportamiento genera  el llamado clientelismo político, por lo que en nuestro país, difícilmente se puede llevar adelante un proceso ideológico continuo y fortalecido, pues siempre muchos están a la caza de quién da más, y consecuentemente se produce el famoso péndulo político.
Por esta razón, en cada proceso electoral aparecen grupos electoreros disfrazados de partidos y movimientos políticos, que de la mano de alguna figura carismática aglutinan partidarios de diversas tendencias, que en realidad no pertenecen a ninguna ideología sino que responden a su apetito de participar en el reparto del gobierno de la tendencia ganadora. Y se convierten en defensores acérrimos del régimen de turno, del que se separan y hasta lo combaten tan pronto éste empieza a hundirse.   
Pero cuidado, este comportamiento se da no solo por la falta de formación académica sino que es un círculo vicioso, alimentado o promovido por políticos sin ética, que en su afán de  llegar al poder ofrecen el oro y el moro, lo que lamentablemente es apoyado por una parte de la población que está ávida de mejorar fácilmente su situación económica, sin importarles si estas propuestas tiene sustento para ser posibles.
Ante esta circunstancia, a mi manera de ver lo que queda por hacer es promover un proceso educativo con principios éticos y morales; y sobre todo  brindar oportunidades de realización personal, para que el paternalismo, y consecuentemente el clientelismo político desaparezcan y lograr una sociedad libre, justa y fortalecida.
 

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