Actualizado hace: 1 hora 40 minutos
Childerico Cevallos Caicedo
En la postrimería de una obsesión

Se cumple el noveno aniversario de la implantación en el país del gobierno de la denominada “revolución ciudadana”, probablemente el último segmento de la serie política correísta del socialismo del siglo XXI, iniciada el 2007 y que, por obra y gracia propia, terminaría el 2017.

Domingo 17 Enero 2016 | 04:00

Llega con serios impedimentos para culminar con una fácil gobernanza, con aristas preñadas de problemas que van pariendo a medida que avanza el tiempo; con la
desesperación de no contar con un barril de petróleo con precios superiores, como el que le permitiera ubicar al país en situación privilegiada y distinguirse por sus obras físicas de entre los gobiernos de Latinoamérica.
Carreteras, hospitales, escuelas del milenio, universidades hacedor de genios, parques lúdicos, multiplicación de ministerios, de secretarías, de juzgados, bonos, becas, detectives para periodistas y medios de comunicación, etc, han sido exhibidos como adelantos sociales en beneficio a la colectividad.
Pero también cosecha serios reparos como la implantación de justicia “con mano propia”, intervención y manejo en y de las otras funciones del Estado, métodos cuestionados como autoritarios en la administración nacional y presión oficial sobre los gobiernos ostentosamente signados como autónomos y descentralizados.
Y la tenaz obsesión de dirigir la opinión pública con la expedición de una ley que
limita la libertad de expresión; restrictiva y sancionadora, persecutoria de los medios de comunicación privados que no sean afines a la política presidencial.
Además la imposición de un estado manipulador con sello de “el poder en mi convicción”, absoluto para lograr cambios constitucionales cuando lo requieran los intereses de la “revolución ciudadana”.
El noveno aniversario fue recordado, fastuosamente, con una multitudinaria asistencia de quienes profesan la simpatía hacia el gobierno, de quienes creen en su fortaleza doctrinaria y también de quienes fueron llevados.
El actor principal, el mesías del cambio, el jefe de la revolución, volvió a santificar lo logrado, a denigrar a sus adversarios, a desacreditar a la prensa y a llamar a la defensa del régimen, incluso con la movilización social.
Probablemente recuerda los resultados de las últimas  elecciones que favorecieron claramente a los sectores de oposición y evidenciaron que hay inconformes.
Entonces, para un real y verdadero cambio, la fecha es propicia para, en las postrimerías del correísmo, trocar soberbia con humildad, beligerancia con convergencia; y los tambores de guerra con trompetas que emitan clarinadas que convoquen a la unión nacional.

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