Actualizado hace: 4 horas 32 minutos
Alfredo Saltos Guale
Suelos en peligro

El 4 de diciembre pasado, el Secretario General de la ONU intervino en una ceremonia especial, dando por finalizado el año internacional de los suelos, oportunidad que aprovechó para destacar la importancia que tiene para la humanidad esa pequeña porción, que la definió como “una verdadera base sólida para la vida”, donde crecen las raíces de las plantas y con ellas una población de millones de microorganismos indispensables para sus procesos biológicos y para la producción alimenticia.

Sábado 16 Enero 2016 | 04:00

En ese día se difundió al mundo el trabajo de un grupo de 200 científicos de 60 países, que como argumento central demuestra que los suelos agrícolas se están deteriorando rápidamente por la erosión, en todas sus manifestaciones, el agotamiento de nutrientes, pérdida de su proporción orgánica, aumento de la acidez, etc.

2015 fue instituido como el año destinado a crear conciencia sobre el valor y preservación de los suelos, denominado “aliado silencioso de la humanidad”,  pero transcurrió inadvertido en Ecuador, no conmovió a la comunidad técnica, ni siquiera a los centros de estudios superiores, obligados a preocuparse, ni a sus principales beneficiarios, los empresarios del sector, peor a sus gremios, desaprovechando aportes no reembolsables que puso a disposición la FAO, para la organización de eventos promocionales. 
La falta de reacción del oficialismo fue notoria, cuando el uso adecuado y conservación de los suelos es esencial en toda política agrícola que beneficie a la población. 
De otro lado, se ha advertido que las temperaturas altas y sus fenómenos meteorológicos vinculados, como sequías, inundaciones y tormentas, afectan la fertilidad del suelo disminuyendo la humedad y extinguiendo las capas arables ricas en nutrientes, a la vez que provocan superiores tasas de erosión. Esas transformaciones se impulsan por el crecimiento demográfico, que persistirá en las próximas décadas. La urbanización e industrialización conllevan contaminación de los suelos por exceso de sal y metales pesados, compactación y sellado definitivo bajo el asfalto y cemento. 
La buena noticia es que aún estamos a tiempo para revertir el proceso destructivo, mediante medidas de conservación, a través de prácticas sustentables, que garanticen la integridad, sin afectar la provisión de alimentos, manteniendo su fertilidad reponiendo los elementos que los cultivos extraen y con prácticas saludables como la labranza cero y la baja utilización, ninguna mejor, de agrotóxicos que atentan contra su parte viva, todo esto integrando políticas públicas, que lamentablemente no existen. 
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