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Cuando papá falta en casa  (iii)
Cuando papá falta en casa (iii)
Por: Guido Álava Párraga

Viernes 15 Enero 2016 | 04:00

Un papá presente ejerciendo su rol, comienza por:

Ser un esposo con relación conyugal  armoniosa y un proveedor permanente de las necesidades materiales y espirituales para los de su casa. Ser líder o guía espiritual. Su liderazgo no se logra por imposición sino por una  vida de ejemplo y disposición de servicio hacia los suyos.
Animado y consciente comunicador con todos los integrantes de su hogar. Atender con esmero y suficiente tiempo los aspectos emocionales y mentales de sus hijos a través de abrazos, palabras de afianzamiento, hábitos de lectura, deportes y recreación sana.
Conocer y practicar él mismo los principios y valores profundos, en especial los del contexto bíblico para instruir diariamente a sus hijos.
Educar con el ejemplo, el orden, respeto, amor y preocupación por las cosas de la familia, los vecinos y la comunidad. Evaluador permanente de las actitudes de sus hijos dentro y fuera del hogar,  sobre todo el mundo relacional con sus amigos, el apego a las modas y a las cosas materiales. Lleno de paciencia y sabiduría para disciplinar a sus hijos, estableciendo reglas y límites concertados.
Compartir con la esposa algunas tareas del hogar.
Leer y meditar con los hijos las sagradas escrituras.
Por mi experiencia reciente puedo afirmar que el estudio profundo de la Biblia como fuente incuestionable de sabiduría es categóricamente útil para convertirse en un padre formador de hijos emprendedores, apasionados del verdadero amor, la justicia, la honestidad y la  paz.
Recuerde, siempre será de bendición ser un esposo y papá decidido a amar a su esposa y a sus hijos con todo su corazón, con todas sus fuerzas y con toda su mente, la misma intensidad con la que debemos amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos.
Recuerde, cuán perjudicial resulta ignorar el terrible daño que ocasiona el negarle o robarles a los hijos el tiempo que les pertenece, el abrazo y la honra.
Recuerde cuán dañino resulta ignorar la agradable emoción de los hijos cuando ven el amor y respeto que papá tiene por mamá, lo mismo ignorar la tristeza que genera la actitud contraria.
Por todas estas actitudes carentes de afectos que se dan en el hogar, la casa de los hijos, el claustro donde ellos esperan la abundancia del amor sublime, se hace necesario que cada papá y mamá se esfuercen con valentía y templanza en corregir sus errores.
Recuerde, cuando se trata de corregir las distorsiones de nuestros roles, hay que tomar la firme decisión de cambiar lo más pronto posible.
 

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