Actualizado hace: 37 minutos
Testimonio
Nicholas perdió la vista, no la visión

Si a Nicholas la memoria no le falla una de las últimas cosas que vio antes de quedar ciego fue un globo con la imagen de Snoopy.

Jueves 14 Enero 2016 | 04:00

Aquella caricatura se quedaría vagando en su mente.  Lo que vendría después ya no lo verían sus ojos, todo quedaba para la imaginación.

Nicholas Hoekstra  tenía ocho años cuando un tumor en la cabeza lo sumió en una oscuridad incaducable.   
Antes de eso, recuerda, uno de  sus mayores retos era ganar el juego de Mario Bros que acababa de salir al mercado, pero  luego sus prioridades cambiaron. 
Tuvo que empezar de cero. Aprendió nuevamente a caminar, a leer y a escribir, esta vez sin usar la vista.  
Habían pasado solo cinco  minutos de la entrevista y la primera respuesta de Nicholas daba una idea clara de lo que para un niño es ver y luego dejar de hacerlo.  
Estaba sentado en una silla del auditorio de la universidad Eloy Alfaro esperando que empezara una conferencia sobre la inclusión educativa en el Ecuador. 
Media hora después se pararía frente al estrado y causaría un murmullo entre los asistentes cuando la moderadora del evento hablara de  su currículum: 
“Les presento a Nicholas Hoekstra, graduado en Harvard (una de las mejores universidades del mundo), doctor en Psicología, y Política Educativa, habla tres idiomas español, inglés y portugués, profesor de judo, aikido y jiu jitsu (artes marciales)”.
El conserje del auditorio  que minutos antes acababa de apagar un concierto instrumental de Richard Clayderman (pianista francés) se quedaría anonadado de la hoja de vida de aquel “gringo” de 31 años de edad.  
Había puesto aquella música para que la espera del evento sea agradable, “pero al hombre ni Clayderman le queda bueno”, bromea. 
Entrevista. A pesar de su discapacidad, cuando Nicholas responde las preguntas mira fijamente a los ojos.  Parece que estuviera al tanto de todo. Escucha atento y luego contesta.
“¿Estuviste en Harvard, una universidad muy exigente, alguna vez tu discapacidad te limitó?”.
“Allí todo el día se pasa estudiando. Vas a clases unas horas y las otras debes leer,  luego regresas y sigues estudiando. Si buscas trabajo  en el poco tiempo libre que tienes,  este debe estar vinculado con lo que estudias. En conclusión, nunca dejas de aprender”, expresa. 
Hace una pausa. Trata de buscar las palabras correctas en el diccionario españolizado de su memoria. Dice que Harvard es una gran experiencia. Allí estás rodeado de gente muy inteligente y aprendes que si te concentras en algo, nunca le encontrarás obstáculos y llegas a ser el mejor en eso, señala.
La mayoría de sus respuestas  van seguidas de una reflexión. Especialmente cuando habla de su discapacidad. “Cuando dejas de ver, al principio todo es difícil. Es como cuando quieres bañarte en la piscina  y te da miedo, luego te fijas que no es tan malo y continúas”, indica.
Obstáculos y logros. Nicholas está en plena conferencia y habla de los obstáculos que ha tenido y la forma en que los  ha enfrentado. 
El auditorio escucha atento mientras él narra aquella historia cuando de niño una persona le dijo que tenía que bajarse de un juego porque era ciego. 
Fue frustrante, recuerda, pero días después una maestra le diría una frase que durante años la mencionaría en sus exposiciones: “Nunca dejes que te limiten por tu discapacidad. Tú puedes hacer todo lo que te propongas, tú debes hacer lo que todos los niños de esta escuela hacen, sal a jugar”. 
Nicholas recordó su  época de niño, de estudiante y de profesional. 
Recordó, por ejemplo,   cuando acababa de perder la visión  y se quedó con los mejores recuerdos de Michigan (la ciudad donde nació en EE.UU.). Ya no vería más, pero guardó en su memoria el azul de los lagos, la majestuosidad de los edificios, el manto blanco del invierno y aquellos colores y formas de la naturaleza que después le ayudarían a imaginarse cómo era el resto del mundo. 
“Yo conozco a gente que ha nacido ciega”, dice . 
“Y describen un árbol o un elefante, pero luego de haberlo  tocado. Tengo la suerte de haber visto ocho años. Lo que me da una idea de las cosas”, agrega. 
Nicholas habló una hora en la universidad. 
Aquel hombre rubio de un metro 80 y apasionado de las artes marciales dejó claro muchas enseñanzas. 
La más importante de todas es que es un hombre con suerte.
Porque aquel tumor bloqueó su vista, pero no su    visión.  
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