Actualizado hace: 21 minutos
Clemente Orellana Sáenz
Los pases en la Policía Nacional

En un operativo de la Policía Nacional se ha detenido a 17 implicados, todos ellos policías en servicio activo que trabajaban en personal, individuos corruptos organizados en una banda dentro de la propia institución, que cobraban entre 1.500 a 3.000 dólares por “vender” los pases en los diferentes repartos policiales.

Sábado 09 Enero 2016 | 04:00

 En los últimos meses habrían tramitado 3.000 pases con un monto mayor a los 6 millones de dólares en ganancias criminales, que depositaban en cuentas personales después del consabido reparto de sus actividades delincuenciales.

Ésta lacra social se viene arrastrando desde hace décadas. Por los años 80, me decía un comandante general de la PN que trataba dificilmente de erradicar éste flagelo, que era inaudito cobrar altas sumas de dinero para ubicar a un elemento en determinada plaza. Y costaba más si era para repartirlos en la dirección de tránsito en ciudades que aportaban mucho dinero a los aprovechadores; y que sin ningún tipo de ética y moral hacían de su paso por la institución el negocio de sus vidas. 
Felizmente en Quito y Guayaquil ya no manejan el tránsito, sin embargo seguían explotando la mina de oro con los pases. Hace pocos meses un cabo solicitaba que le trasladen a Quito de donde es originario y en donde viven su esposa y sus dos hijos, le pidieron 2.000 dólares que se negó a pagar y por supuesto no le dieron el ansiado pase. 
Toda la sociedad civil conocía de estos actos criminales, pero al fin, con la debida decisión del ministerio del Interior al parecer se ha puesto fin a estas prácticas viejas de “enriquecimiento ilícito”. No podemos permitir la impunidad de quienes hacen de las suyas en detrimento de compañeros honestos que si llevan el uniforme con decencia y altura y cumplen con responsabilidad las funciones que el Estado les otorga cuando se incorporan a las filas policiales.
Habrá que seguir investigando a todos los autores intelectuales, materiales, cómplices y encubridores y someterlos a la justicia ordinaria, para que paguen sus delitos, se congelen las cuentas, se impida la venta de las propiedades mal habidas y se restituya los valores a los perjudicados que en parte también son cómplices al aceptar pagar las cóimas y comprar los puestos. 
Es preferible deshacerse y castigar a los culpables a tenerlos enquistados en altas funciones. El depurar a las filas policiales es un cambio radical que debe extenderse a todos los ministerios y estamentos del país, para que no quede un solo aprovechador de los fondos públicos sin castigo y erradicar de una vez por todo la corrupción, jinete apocalíptico de las naciones en el mundo entero.
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