Actualizado hace: 21 minutos
Manta
Sin padres por el amoníaco

En casa de Simón Mero, el Día del Padre será diferente. Sus tres hijas no lo tendrán presente para decirle “feliz día papá”. En cambio, visitarán el cementerio y pondrán un ramo de rosas sobre su tumba.

Sábado 14 Junio 2014 | 09:42

Es que hace más de mes y medio Simón Mero falleció. Él fue una de las víctimas de la fuga de amoníaco que ocurrió el 23 de abril dentro de una embarcación pesquera anclada en el Puerto de Manta. 

Glenda es su hija mayor y está embarazada, espera una niña. Ella vive en el barrio Divino Niño, pero después de la muerte de su padre vive con su mamá. 
La acompaña para tratar de superar el dolor que causa la ausencia de su padre. 
Simón cumpliría 50 años en octubre, y su tres hijas preparaban una reunión para celebrarlo. Pero el destino estropeó los planes y esa reunión se hará en el cementerio. 
Glenda dice que de su padre le quedan los recuerdos de los grandes momentos que vivió junto a él y sus enseñanzas. “Siempre fue un padre justo, responsable y amoroso”, argumenta. 
Unos días antes de la tragedia, Simón dijo que pensaba dejar de trabajar como estibador en el puerto.
En una de las paredes de la casa hay una fotografía de Simón, como recuerdo para sus seres queridos y para que su última nieta que está en camino lo conozca. 
Simón vivía en el barrio 15 de Septiembre con su familia, y trabajaba como estibador en el Puerto de Manta desde hace cuatro años. 
>Otro caso. La historia en casa de Rosa Colorado no es distinta. Este Día del Padre ella espera ver llegar a su esposo sonriente como siempre. Se hace a la idea que está de viaje. 
Los momentos más difíciles después de la muerte de Carlos Bonilla son cuando su hija de cinco años le pregunta: “¿Cuándo regresa mi papi?”, y ella se queda sin palabras. 
Pero se ve obligada a contestarle a su hija frases entrecortadas que parezcan una respuesta. 
La ausencia se ha instalado en la casa y cada día es más difícil, por eso en los próximos días Rosa y sus tres hijos recibirán terapia psicológica que les ayude a superar la pérdida de Carlos Bonilla.
Otro de los recuerdos que atormentan a la mujer es que su esposo desde el día que estuvo en el hospital nunca más pudo pronunciar una palabra. 
La empresa para la que trabajaba su esposo cubrió los gastos del hospital y mortuorios. 
Pero no quiso hablar de si recibirá o no una indemnización. Rosa dice que cambiaría hasta lo que no tiene por la vida de su esposo. 
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