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Rafael en Getsemaní
Rafael en Getsemaní
Por: Douglas Vaca

Jueves 12 Junio 2014 | 04:00

El presidente Rafael Correa es un cristiano confeso y practicante. Así lo ha manifestado siempre y ha sido bendecido hasta por el papa Francisco. Es católico y marxista. Cristiano de izquierda, en la línea de la “teología de la liberación”.

Es además uno de los precursores del Socialismo del siglo XXI y principal gestor de la Revolución Ciudadana en Ecuador. No hay duda, por tanto de sus convicciones, y así se lo analiza en “los círculos de estudio” que funcionan en nuestra ciudad y provincia. 
 
Allí surgió un análisis sobre el asunto de la “reelección indefinida” que enfrenta el presidente Correa. 
Son ciudadanos, hombres y mujeres, de diversas tendencias, del centro hacia la izquierda, pero que anhelan el éxito del proyecto político que vive nuestro Ecuador y varios países en América Latina. 
Y guardando las distancias, se comparó la situación de Rafael con la que vivió Jesús, en el huerto de Getsemaní, en Jerusalén. 
“Padre mío, si es posible, pasa de mi este cáliz (en este caso, la reelección). 
Pero no sea, como yo quiero, sino como tú”. Este sería entonces el dilema de Rafael. 
Y si es cristiano, acepta la existencia del destino, que se lo define como: “lo que nos sucede por designio divino”. 
Nosotros ya expresamos nuestra opinión al respecto. 
En artículo publicado en este mismo rotativo, con fecha martes 25 de marzo del 2014, desde el titular, ya lo decíamos todo: “Sin miedo, Rafael”. 
Si no se presenta a la reelección, sería un cobarde y condenaría al fracaso a la Revolución Ciudadana. 
Sería un retroceso histórico, y volveríamos al viejo país. 
Diríamos entonces como Neruda: “Tanto verso de amor cantado en vano”. 
Y vuelve a presentarse el paralelismo con Alfaro, que también hemos detectado en anteriores artículos. 
En su reciente discurso en la Asamblea Nacional, el pasado 24 de mayo, dijo Rafael: 
“Mi vida ya no es mía, sino del pueblo ecuatoriano”. 
Algo parecido dijo Alfaro, al asumir como Jefe Supremo en 1895: 
“Nada soy, nada valgo, nada pretendo. Nada quiero para mí; todo para vosotros que sois un pueblo que se ha hecho digno de ser libre”. 
Y Alfaro cometió el error de entregar el poder, sin haber consolidado la Revolución Liberal Radical. 
Uno de sus íntimos colaboradores lo traicionó y lo llevó a la Masacre bárbara. 
Eso no puede ocurrir con la Revolución Ciudadana, que es la experiencia más fecunda en avances sociales, culturales, educativos y económicos, después de la Alfarada. 
¡Y Rafael no puede claudicar!. ¡La historia no lo perdonaría!
 

 

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