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Bernardo Avellán - bernardoavellá[email protected]
Peligro ambiental

Los pueblos del mundo antiguo consideraban a la Tierra “la madre por excelencia”. Entre los griegos la morada terrenal era conocida como “Gea” (Tierra), la que sostenía y mantenía la vida.

Viernes 08 Mayo 2009 | 21:11

La Tierra (que celebra su día cada 22 de abril ante la necesidad de crear concienciación ecológica global) es el hogar cósmico ideal para el hombre; el más apto de los mundos para albergar la vida en todas sus manifestaciones. La Tierra es el hábitat por excelencia donde se manifiesta el milagro de la vida (humana, animal y vegetal), pues no habría - en caso necesario - otro planeta con las ideales características ambientales para mantener su valiosa carga de vida. Son estas las razones fundamentales para salvaguardar con urgencia nuestro mundo de toda clase de contaminación o impacto ambiental. Más, irónicamente, el hombre, “rey de la creación”, es su principal depredador, que de instante en instante va dejando la huella destructora sobre su faz. La Tierra, según la ciencia, está habitada por el hombre desde hace unos 3 millones de años, tiempo en el cual el “homo sapiens” pudo adaptarse después que el planeta pasó por un lento proceso de aclimatación global para la vida en general. Bajo esta óptica, la teoría de la evolución debe ir de la mano con la teoría creacionista para entender más y mejor el misterio de la vida. El hombre en sus inicios poseía la fuerza original de la Creación, y la vegetación era mucho más grande que la actual por lo que el ser humano podía vivir cientos de años; los árboles alcanzaban alturas de hasta 300 metros, pues la vida estaba íntimamente ligada a la naturaleza y sus leyes inmutables que la regían. A diferencia de hoy en día, refiriéndome a los últimos 300 años desde los inicios de la “revolución industrial”, nuestro mundo pasó a ser productor y depositario de toda clase de contaminantes e inmundicias (tóxicos y corrosivos), que llevó al hombre a envenenar su organismo, polucionar su atmósfera, contaminar sus mares, ríos y cuencas hidrográficas; acidificar y desertizar sus suelos; impactos ambientales gravísimos que han puesto en peligro la supervivencia de la vida sobre la tierra. Si el hombre no encuentra fórmula para equilibrar estos impactos ambientales, el proceso será irreversible para el planeta: I-RRE-VER-SI-BLE. ¿Qué hacer para paliar o atenuar en algo este acelerado proceso de contaminación global? Podemos empezar por racionalizar los recursos naturales vilmente explotados, consumir menos energía y productos sintéticos, racionar el agua, encontrar combustibles y energías alternativas al petróleo, crear la cultura del reciclaje industrial, etc. Pero, por sobre todo, algo fundamental: crear una conciencia ecológica global integral como de cuidar y respetar las cosas más preciadas de la vida con amor y conciencia.
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