Aplicar hielo directamente sobre una quemadura, una práctica frecuente en el hogar, no es recomendado por los protocolos de primeros auxilios, debido a que puede agravar la lesión, generar daño por frío y retardar la cicatrización, según guías médicas.

Las quemaduras son lesiones causadas por la exposición a fuentes de calor como fuego, líquidos calientes, vapor, electricidad o sustancias químicas. En estos casos, la piel y los tejidos subyacentes sufren un daño térmico que requiere un manejo adecuado desde los primeros minutos.

De acuerdo con manuales de primeros auxilios, el objetivo inicial ante una quemadura es detener la progresión del daño y aliviar el dolor sin provocar nuevas lesiones. Sin embargo, el uso de hielo, pese a su popularidad, no cumple con este propósito cuando se aplica de manera directa.

Especialistas señalan que el contacto del hielo con la piel quemada provoca un cambio brusco de temperatura, que puede generar un efecto adverso sobre los tejidos ya lesionados.

Qué ocurre al aplicar hielo sobre una quemadura

Cuando se coloca hielo directamente sobre una quemadura, se produce una vasoconstricción intensa, es decir, un estrechamiento de los vasos sanguíneos. Esto reduce el flujo de sangre hacia la zona afectada, limitando el aporte de oxígeno y nutrientes necesarios para la recuperación.

Además, el frío extremo puede causar lesiones por congelación superficial, conocidas como quemaduras por frío, que se suman al daño original. Esta combinación puede aumentar la profundidad de la lesión y dificultar el proceso de cicatrización.

En quemaduras moderadas, el uso de hielo también se asocia con un mayor riesgo de ampollas, necrosis tisular y dolor persistente una vez que desaparece el efecto anestésico inicial del frío.

Riesgos documentados y población vulnerable

Las guías de atención prehospitalaria advierten que el hielo puede ser especialmente peligroso en niños, adultos mayores y personas con piel sensible o con problemas de circulación. En estos grupos, el daño por frío puede presentarse con mayor rapidez.

Entre los riesgos más frecuentes identificados se encuentran:

  • Daño adicional en la piel y tejidos profundos
  • Retraso en la cicatrización
  • Incremento del dolor posterior
  • Mayor probabilidad de infecciones, si la piel se deteriora

Estos efectos pueden aparecer incluso en quemaduras leves, cuando el hielo se mantiene en contacto directo durante varios minutos.

Qué recomiendan los protocolos de primeros auxilios

Las recomendaciones médicas coinciden en que la forma correcta de actuar ante una quemadura es enfriar la zona con agua corriente, no helada, durante 10 a 20 minutos. Este procedimiento ayuda a:

  • Detener el avance del daño térmico
  • Reducir la inflamación
  • Aliviar el dolor
  • Proteger la piel afectada

El agua debe estar a temperatura ambiente o ligeramente fresca, evitando tanto el hielo como el agua extremadamente fría.

Luego del enfriamiento, se recomienda cubrir la quemadura con una gasa limpia y acudir a un centro de salud si la lesión es extensa, profunda o compromete zonas sensibles como rostro, manos, pies o genitales.

Prácticas que deben evitarse

Además del hielo, los especialistas desaconsejan aplicar mantequilla, aceites, pasta dental o remedios caseros sobre las quemaduras, ya que estas sustancias pueden irritar la piel, favorecer infecciones y dificultar la evaluación médica posterior.

Tampoco se deben reventar ampollas ni retirar prendas adheridas a la piel, ya que estas acciones pueden empeorar la lesión.

Importancia de la educación en primeros auxilios

Las autoridades sanitarias subrayan que una atención incorrecta en los primeros minutos puede transformar una quemadura leve en una lesión más grave. Por ello, la educación en primeros auxilios básicos es clave para reducir complicaciones.

Evitar el uso de hielo en quemaduras forma parte de las recomendaciones esenciales para una atención segura y eficaz, basada en criterios médicos y evidencia clínica.