Durante décadas, el cáncer ha sido un enemigo silencioso, escurridizo y brutal. Y, sin embargo, también ha sido el motor que ha impulsado la carrera de Mariano Barbacid, uno de los científicos españoles más influyentes en la investigación oncológica mundial. Su nombre volvió a ocupar titulares en los últimos días tras conocerse un avance experimental frente al cáncer de páncreas, uno de los más agresivos que existen.
No es una cura, insiste él mismo, pero sí un paso que invita —por primera vez en mucho tiempo— a imaginar un futuro distinto.
Barbacid nació en Madrid el 4 de octubre de 1949, en una familia humilde. Hijo único de un zapatero, creció en una España donde dedicarse a la ciencia no parecía un camino obvio. Pero hubo chispas tempranas: libros, clases de refuerzo y una curiosidad casi obstinada por entender cómo funcionan las cosas.
Ese impulso lo llevó a estudiar Ciencias Químicas, con especialidad en Bioquímica, en la Universidad Complutense de Madrid, y a doctorarse en 1974 en el Instituto de Biología Celular del CSIC.
El viaje para aprender más sobre el cáncer
Ese mismo año, una beca Fulbright cambió el rumbo de su vida. Barbacid cruzó el Atlántico para incorporarse al National Cancer Institute, en Estados Unidos. Allí, en los pasillos del mayor centro de investigación oncológica del mundo, empezó a obsesionarse con una pregunta que marcaría toda su carrera: ¿qué ocurre en una célula para que se vuelva cancerosa?
La respuesta comenzó a tomar forma en 1982, cuando logró un hito histórico: aislar y clonar por primera vez un oncogén humano mutado, el H-RAS. Aquello no fue solo un logro técnico. Fue una revelación. Demostró que el cáncer podía entenderse desde sus engranajes más íntimos, desde los genes que transforman una célula normal en una célula tumoral. Ese descubrimiento abrió la puerta a la oncología molecular moderna y, con ella, al desarrollo de las terapias dirigidas que hoy salvan miles de vidas.
Después llegarían otros hallazgos clave, como la identificación del gen TRK y su familia de receptores, fundamentales para tratamientos personalizados que atacan alteraciones concretas del tumor. Barbacid publicó más de 300 trabajos científicos y se convirtió en una referencia internacional. Pero, a finales de los noventa, tomó una decisión poco habitual: volver a España.
El centro que fundó en España Mariano Barbacid
En 1998 fundó el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Bajo su liderazgo, el CNIO pasó de ser un proyecto incipiente a convertirse en uno de los grandes centros de investigación oncológica de Europa. Desde allí, Barbacid no solo hizo ciencia; también libró otra batalla: la de convencer a las instituciones de que invertir en investigación no es un gasto, sino una apuesta por el progreso.
Esa convicción explica su implicación personal y su decisión de destinar parte de su herencia a financiar proyectos contra el cáncer. Para él, la ciencia tiene un rostro humano: el de sus hijas, el de los pacientes y el de quienes aún no saben que un día recibirán un diagnóstico.
Mariano Barbacid tiene una mancha roja en el rostro que desde hace años despierta curiosidad pública. Su origen exacto no ha sido confirmado oficialmente, y el propio científico nunca ha ofrecido una explicación médica detallada.
Algunas versiones sugieren que podría tratarse de una marca de nacimiento o una condición congénita, mientras que otras hipótesis mencionan posibles malformaciones vasculares o lesiones cutáneas benignas.
Las últimas noticias sobre el cáncer
El último capítulo de esta historia se escribió recientemente en la revista PNAS. Su equipo demostró que una combinación de tres fármacos podía eliminar completamente tumores de adenocarcinoma ductal de páncreas en modelos animales.
La estrategia ataca simultáneamente tres motores moleculares del tumor —KRAS, EGFR y STAT3—, dificultando que el cáncer encuentre vías de escape. Los tumores desaparecieron y no reaparecieron durante meses, con baja toxicidad.
La noticia recorrió el mundo, pero Barbacid puso el freno a la euforia. El estudio se hizo en ratones y el camino hasta los pacientes humanos será largo, costoso y complejo. Hacen falta ensayos clínicos, tiempo y financiación. "La ciencia avanza paso a paso", repite.
Aun así, algo ha cambiado. Por primera vez, los datos permiten imaginar que el cáncer de páncreas deje de ser una sentencia. Y en ese horizonte, vuelve a aparecer la figura de Mariano Barbacid.