Manta nació mirando al mar, creció con el puerto y hoy vive de espaldas a una de sus mayores riquezas: el ecosistema marino. Esta paradoja es uno de los principales desafíos que enfrenta una ciudad portuaria que aspira a consolidarse como destino turístico y polo de desarrollo sostenible.

En este contexto, la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Sede Manabí - Campus Manta, asume un rol clave no solo como centro de formación profesional, sino como puente entre el conocimiento científico y la conciencia ciudadana.

Desde la Escuela de Ciencias Naturales, Nutrición y Producción, el biólogo marino Iván López, director de la carrera y responsable del Centro de Interpretación de Biodiversidad Marina, lidera una iniciativa que busca transformar la relación de la ciudad con el océano.

La diversidad marina del país

El centro no es un museo tradicional, sino un espacio de interacción, reflexión y aprendizaje, donde estudiantes, empresarios, conservacionistas y ciudadanía en general se encuentran cara a cara con la biodiversidad marina del Ecuador, señaló.

Un centro de interpretación —explica López— es un escenario diseñado para generar identificación. A través de muestras biológicas, réplicas, organismos conservados y material educativo, se recrean ecosistemas marinos y se explica el rol que cumple cada especie dentro de ese entramado natural.

El objetivo va más allá de la curiosidad científica: se trata de comprender por qué estos ecosistemas son vitales para la vida del planeta y por qué su conservación es urgente.

La iniciativa también cumple una función estratégica: visibilizar la carrera de Biología Marina. Durante años, muchos jóvenes desconocieron que esta opción académica existía en el país.

Una carrera con falta de información

La falta de información llevó a que vocaciones genuinas se diluyeran en carreras tradicionales. López lo sabe por experiencia propia: inició estudios en Medicina, pero la pasión por el mar lo llevó a cambiar de rumbo. Hoy no se arrepiente y transmite ese mensaje a las nuevas generaciones: la biología marina no solo es una profesión, es una forma de vida.

Sin embargo, el reto va más allá de la academia. ¿Qué nivel de conciencia ambiental tiene Manta como ciudad costera? Para responder a esta pregunta, el Centro de Interpretación ha implementado encuestas mediante códigos QR que permitirán medir la percepción ciudadana sobre la conservación marina. Aunque los resultados aún están en análisis, la percepción empírica es clara: el nivel de conciencia sigue siendo bajo.

Uno de los principales problemas es conceptual. Ecuador es un país ribereño, con un territorio marítimo que supera al terrestre, pero esa realidad no está incorporada en el imaginario colectivo.

El mar sigue siendo visto como un límite y no como una oportunidad. Se lo explota sin conocerlo, se lo contamina sin medir consecuencias y se planifica el desarrollo turístico sin garantizar condiciones ambientales básicas, sostiene López.

Manta y su cambio a favor del mar

La contaminación por aguas residuales, descargadas directamente al mar a través de ríos y cauces urbanos, es uno de los ejemplos más críticos. Hablar de turismo de playa sin tratar adecuadamente las aguas servidas es una contradicción que debilita cualquier intento de desarrollo sostenible. A ello se suma la ausencia de certificaciones de playa, que exigen estándares claros de calidad del agua y manejo ambiental.

Paradójicamente, muchos ciudadanos desconocen que varias playas urbanas y rurales de Manta son zonas de anidación de tortugas marinas. El desconocimiento se convierte así en un enemigo silencioso de la conservación. No se puede proteger lo que no se conoce ni valorar lo que no se comprende.

La conservación empieza por la educación. Incorporar el conocimiento del mar de forma transversal en la educación básica y media es una tarea pendiente. Solo así se podrá formar una ciudadanía que entienda que cuidar el océano no es una opción, sino una condición para el futuro, indicó.