Ecuador volvió a los mercados internacionales de capitales con una emisión doble de Eurobonos por 4.000 millones de dólares, pero el verdadero debate comenzó después de concretada la operación. Economistas y analistas han reaccionado con lecturas opuestas sobre el impacto de la colocación, entre quienes resaltan sus beneficios inmediatos y quienes advierten riesgos estructurales. La discusión revela las tensiones entre la urgencia fiscal del presente y la sostenibilidad financiera del futuro.

La operación, anunciada por el Ministerio de Economía y Finanzas el 26 de enero de 2026, se estructuró en dos tramos con vencimientos en 2034 y 2039. Ambos bonos registraron una tasa promedio cercana al 8,975%, con un diferencial histórico frente a los bonos del Tesoro de Estados Unidos, según el Gobierno. Para el Ejecutivo, el resultado refleja una mejora en la percepción de riesgo del país y una señal de confianza de los mercados.

Sin embargo, el consenso se rompe cuando se analizan los efectos de la emisión sobre la economía y las finanzas públicas. Mientras algunos expertos consideran que la operación permitió ganar tiempo y ordenar el perfil de vencimientos, otros sostienen que el país asumió un costo financiero elevado. La emisión se convirtió así en un punto de inflexión para evaluar el rumbo de la política de endeudamiento del Ecuador.

Argumentos a favor de Alberto Acosta

El economista Alberto Acosta Burneo sostiene que la operación generó beneficios concretos en el corto plazo. "Evita amortizar 813 millones de dólares en 2026, mejora el perfil de vencimientos y libera recursos para necesidades urgentes", explicó. Desde su perspectiva, la emisión puede interpretarse como una estrategia de gestión de deuda orientada a reducir riesgos inmediatos.

Acosta Burneo subraya que el canje de bonos permitió reordenar obligaciones concentradas en los próximos años. Para el analista, la postergación de pagos reduce la probabilidad de tensiones fiscales y contribuye a estabilizar expectativas de los mercados. En ese sentido, califica la operación como una decisión pragmática en un contexto de restricciones severas de liquidez.

En una línea similar, otros analistas han señalado que la colocación mejora la curva de vencimientos y evita escenarios de default técnico.

Mauricio Pozo cree que se debe felicitar al gobierno por la colocación de USD4 mil mill a una tasa menor al 9% anual y una demanda superior a las necesidades fiscales de nueva deuda.

Observaciones sobre la operación 

El economista Fausto Ortiz plantea que la operación no genera espacio real para la inversión pública. "No se libera flujo para infraestructura, sino para evitar nuevas emisiones en los próximos años", afirmó. Según Ortiz, cualquier intento de financiar obras estratégicas requerirá mayor déficit fiscal y nuevas obligaciones financieras.

El analista de izquierda Pablo Dávalos advierte que la emisión incrementa el volumen total de deuda pública del país. "Con esta operación, la deuda del Ecuador supera los 90.000 millones de dólares", señaló. El economista proyecta que, de mantenerse la tendencia, el país podría superar los 100.000 millones al final del periodo presidencial sin mejoras significativas en desarrollo productivo.

Para Dávalos, el problema no es solo el monto de la deuda, sino la falta de una estrategia de crecimiento que permita sostenerla. El analista sostiene que el endeudamiento actual no está orientado a generar capacidades productivas, sino a cubrir obligaciones fiscales inmediatas. Desde esta perspectiva, la emisión profundiza la dependencia del país respecto al financiamiento externo.

Críticas sobre un costo mayor

Juan Pablo Jaramillo propone una interpretación más estructural de la operación, basada en la relación entre liquidez y solvencia. Para el economista, la renegociación de enero de 2026 constituye una operación de salvataje financiero que privilegia el corto plazo sobre la sostenibilidad de largo plazo. "La estrategia consiste en comprar tiempo, pero no en resolver la raíz del problema de la deuda", sostiene.

Jaramillo explica que el mecanismo central fue el canje de bonos existentes por nuevos títulos con vencimientos extendidos entre siete y doce años adicionales. En términos prácticos, Ecuador sustituyó deuda que comenzaba a amortizar capital en este 2026 por obligaciones con plazos más largos y mayores tasas de interés. El alivio inmediato permitió evitar desembolsos cercanos a 400 millones de dólares, pero incrementó el costo total del financiamiento.

El analista enfatiza que el aumento del interés del 6,9% al 8,9% encarece el costo promedio de la deuda pública. Según su análisis, el país está utilizando deuda más cara para reemplazar deuda más barata, sin que ese financiamiento se traduzca en mayor crecimiento económico. En un contexto de expansión real cercana al 2%, el retorno productivo de la deuda resulta inferior al interés que el Estado paga.

Se está pateando el problema para más adelante

Jaramillo introduce además el concepto de "aritmética de la insostenibilidad" para describir el escenario de largo plazo. "El costo de la deuda supera ampliamente el crecimiento nominal de la economía, lo que genera un efecto de bola de nieve", explica. En este escenario, la deuda aumenta más rápido que la capacidad del país para producir riqueza, anticipando nuevas tensiones fiscales.

El economista advierte que la operación no elimina las obligaciones, sino que las traslada hacia el futuro con mayor carga financiera. "La amortización que vencía en 2026 se acumula con los vencimientos de los años 2033 a 2038, con intereses mucho mayores", señala. Desde su perspectiva, el país ha cambiado una crisis de liquidez inmediata por un problema de solvencia más profundo

Alberto Acosta Burneo cree que "en un reperfilamiento de deuda, pretender pagar la misma tasa que al inicio cuando las condiciones globales cambiaron es no entender lo básico. Hoy la tasa libre de riesgo de EE. UU. es mucho más alta que en 2020. Por eso, incluso con menor riesgo país, la tasa resultante es mayor, asegura.

Agrega que hay quienes olvidan los intereses altísimos de la deuda china de Correa y las consecuencias nefastas de haber prendado todo el petróleo para seguir endeudándose. Califica esto de "memoria selectiva al servicio del relato".

La emisión de nuevos bonos por parta de Ecuador no cerró el debate sobre la política de endeudamiento del país, sino que lo intensificó. Las reacciones de los expertos evidencian que la discusión continuará.