La jornada laboral en Ecuador podría cambiar si prospera la propuesta del Ministerio del Trabajo para permitir que las 40 horas semanales se cumplan en cuatro, cinco o seis días, mediante acuerdos entre empleadores y trabajadores.
El ministro Harold Burbano sostiene que no se trata de una flexibilización que recorte derechos, sino de una "dinamización" de las jornadas, con la posibilidad de aplicar días de hasta 10 horas sin recargo mientras no se supere el límite semanal vigente.
La medida, que se discutirá en el Consejo Nacional de Trabajo y Salarios, busca dar mayor margen a empresas y empleados para organizar horarios según sus necesidades productivas y personales. Gremios de trabajadores, sin embargo, ya han advertido que esta reconfiguración de la jornada laboral puede traducirse en jornadas diarias más largas y riesgos para la salud, especialmente en sectores con alta carga física.
El debate se abre en un contexto de reformas para modernizar el mercado laboral ecuatoriano y atraer inversión, mientras otros países ya han probado esquemas similares de semanas comprimidas con resultados diversos.
Jornada laboral comprimida: qué han hecho otros países
La idea de mantener 40 horas semanales pero concentrarlas en menos días, como una jornada laboral comprimida tipo 4x10 (cuatro días de trabajo de 10 horas cada uno), ya se aplica en países como Bélgica, donde desde 2022 las personas trabajadoras pueden agrupar su tiempo en cuatro días sin reducción salarial, con días de alrededor de 9,5 a 10 horas.
En Canadá, municipios como Zorra (Ontario) han probado semanas comprimidas en el sector público, permitiendo que funcionarios cumplan la misma carga semanal en menos días, a cambio de jornadas más extensas.
En América Latina, la discusión sobre la jornada laboral también avanza: en República Dominicana se lanzó en 2024 un piloto de cuatro días de trabajo con reducción de horas, mientras que en México se debate una reforma para bajar a 40 horas semanales con la posibilidad de pactar semanas de cuatro días de 10 horas.
Además, varios países europeos-como Islandia, Portugal y Reino Unido- han experimentado con semanas de cuatro días, aunque en esos casos suele reducirse la carga horaria total, por lo que son modelos distintos al que se analiza en Ecuador.
Resultados en productividad y bienestar
Los estudios sobre jornada laboral comprimida muestran que, en promedio, el desempeño y la satisfacción laboral tienden a mejorar cuando las personas pueden concentrar su semana en menos días, manteniendo el salario y las 40 horas totales.
Una revisión amplia de experiencias en empresas y administraciones públicas indica que la productividad global se mantiene estable o incluso mejora ligeramente, mientras el ausentismo no registra variaciones significativas.
En el caso de la municipalidad de Zorra, en Canadá, cerca de tres cuartas partes de quienes participaron en el piloto manifestaron que continuarían con la semana comprimida, lo que refleja una alta aceptación del nuevo esquema de jornada laboral. Sin embargo, expertos subrayan que los beneficios dependen del tipo de trabajo: en labores físicas o con alta exigencia emocional, días de 10 horas pueden incrementar la fatiga y el riesgo de errores o accidentes si no se gestionan bien los descansos.
Salud, derechos laborales y condiciones de éxito
La Organización Internacional del Trabajo recomienda limitar la jornada laboral a 40 horas semanales, ya que niveles superiores se asocian con más problemas de salud sin ganancias claras en productividad. Al concentrar las 40 horas en menos días, organismos y estudios académicos insisten en que es clave respetar pausas, límites máximos diarios y compensaciones cuando se exceden los topes legales.
Los análisis comparados señalan que las mejores experiencias de jornada laboral comprimida comparten varios elementos: acuerdos voluntarios entre empresa y trabajadores, posibilidad de revisar o revertir el esquema, participación sindical en el diseño de horarios, y monitoreo constante de fatiga, calidad del servicio y seguridad en el trabajo. De lo contrario, la concentración de horas puede derivar en intensificación del trabajo y en una pérdida real del equilibrio entre vida personal y empleo, justo lo contrario de lo que se busca.
Lo que está en juego para Ecuador
Para Ecuador, la discusión sobre la jornada laboral llega en un momento en que el Gobierno de Daniel Noboa intenta reducir la informalidad y mejorar el empleo adecuado mediante reformas que, según el ministro Burbano, "modernizan" sin tocar derechos adquiridos.
La posibilidad de trabajar cuatro, cinco o seis días a la semana, manteniendo las 40 horas y el mismo salario, podría abrir opciones para sectores como turismo, servicios y jóvenes que estudian, pero también plantea desafíos en control de jornadas, salud ocupacional y supervisión del cumplimiento de acuerdos.
La experiencia internacional muestra que una jornada laboral comprimida puede combinar productividad estable con mayor satisfacción si se aplican reglas claras y se protege a los trabajadores más vulnerables. El debate que ahora se abre en el país definirá si la "dinamización" de las jornadas laborales se convierte en una herramienta para mejorar el empleo o en una puerta a la intensificación de la carga sin beneficios tangibles para la mayoría.