La tarde del lunes caía sobre el barrio San Pedro cuando dos figuras llamaron la atención en la esquina de la calle 308 y avenida 209. Eran dos perros. No corrían, no ladraban. Permanecían, cada uno con una cuerda al cuello, como si alguien hubiera decidido dejar ahí no solo animales, sino un problema que incomoda y una culpa que pesa.
Los vecinos no tardaron en darse cuenta, pero no lograron identificar quién los había abandonado. Los perros, desconfiados, miraban a su alrededor con miedo y pasaron la noche a la intemperie.
La llegada de Gustavo para rescatar a los dos perros
La mañana del martes trajo un desenlace distinto. Gustavo Rodríguez llegó al lugar y los subió a su vehículo. No era la primera vez. Gustavo lleva años recorriendo caminos y calles recogiendo perros abandonados. Los llevó a su refugio, ubicado en la zona rural de Manta, donde ya conviven más de 300 animales rescatados, todos alimentados y cuidados con esfuerzo diario.
Gustavo vive en La Resbalosa, a lo largo de la Ruta del Spondylus. Durante sus viajes hacia Manta, desde hace más de dos décadas, comenzó a encontrarse con perros abandonados: enfermos, desnutridos, con la mirada rota.
No pudo ignorarlos. Primero fue uno, luego otro. Para 2005, su camioneta 4x4 ya tenía un propósito claro: le colocó una bandera con un mensaje sencillo y contundente: "Rescate Animal". Desde entonces, salir a buscar perros se convirtió en su misión de vida.
En 2009 ya cuidaba a 75 perros. Luego fueron 100, después 200. Algunos llegaron con heridas visibles; otros con traumas que solo el tiempo y la paciencia lograron suavizar. La ayuda llega de vez en cuando en forma de alimento, pero nunca es suficiente. Gustavo se levanta todos los días a las seis de la mañana, sin feriados ni descansos.
Una ordenanza a favor de los animales en Manta
Desde 2020, en Manta existe una ordenanza que reconoce a los animales como sujetos de derecho y seres sintientes. La ley sanciona el maltrato con multas y hasta privación de libertad. En 2022, un hombre fue multado con USD 2.125 y obligado a cumplir 100 horas de trabajo comunitario por maltratar a dos perros, Halston y Nena, rescatados de una vivienda donde eran ignorados.
La norma existe. Las sanciones también. Pero, en una esquina de San Pedro, dos perros recordaron que la indiferencia sigue siendo el peor abandono.