Los corrales marítimos de Ligüiqui, estructuras pesqueras construidas desde el siglo VIII por la cultura Manteña, son únicos en el mundo por su extensión de seis kilómetros y su continuidad de uso hasta hoy . En 2018, investigadores de la Universidad de Alcalá y del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural de Ecuador analizaron estas construcciones como parte de un estudio sobre la transformación social tras la colonización española.

Una técnica ancestral que perdura en Ligüiqui

Los corrales marítimos de Ligüiqui son estructuras semicirculares de piedra utilizadas para atrapar peces mediante el aprovechamiento de las mareas. Penetran hasta 300 metros mar adentro y se organizan por franjas especializadas según el tipo de pesca. Estas instalaciones datan de la época de la cultura Manteña (siglo VIII al XVI) y representan un avanzado sistema de piscifactoría tradicional que ha sobrevivido hasta la actualidad.

Este sistema pesquero no solo continúa siendo utilizado por algunos pobladores locales para capturar pulpos y otras especies , sino que también se ha convertido en un atractivo turístico en crecimiento , especialmente desde 2022. La comunidad ha desarrollado infraestructura básica como cabañas, restaurantes y pequeños hoteles para recibir visitantes.

Ligüiqui es una comuna con 450 habitantes, ubicada a 30 minutos de Manta , en la parroquia San Lorenzo. Además de su legado pesquero, el sitio alberga un importante paisaje arqueológico costero en proceso de estudio y conservación.

Investigación arqueológica y contexto histórico

En 2018, un proyecto binacional coordinado por la Universidad de Alcalá y el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural , con apoyo de la Fundación Palarq , investigó los cambios sociales, económicos y medioambientales en la costa central ecuatoriana durante los siglos XVI y XVII. Uno de los principales focos es el sistema productivo manteño, en el cual destacan los corrales marítimos .

Lauro Olmo , catedrático de Arqueología y quien fue codirector del proyecto, declaró en esa fecha que se analizó la permanencia de elementos culturales indígenas tras la llegada de los españoles. “Observamos cómo formas de vida manteñas persistieron durante más de un siglo dentro del sistema colonial”, señaló Olmo.

La concha Spondylus , usada como moneda e intercambiada a gran escala por la cultura Manteña, fue otro eje del estudio, junto con los asentamientos de Cerro de las Hojas-Jaboncillo, Ligüiqui y Portoviejo , que permiten contextualizar las transformaciones de la época.

Valor patrimonial de los corrales

Durante el trabajo arqueológico en Ligüiqui, miembros de la comunidad participaron en excavaciones, descubriendo objetos antiguos enterrados . Este hallazgo generó un debate local en torno a la propuesta de una ordenanza municipal para preservar el patrimonio y evitar construcciones sobre áreas sensibles.

Carmen Julia Reyes , expresidenta de la junta parroquial de San Lorenzo , explicó que algunos moradores se opusieron a limitar el uso del suelo, lo que ha frenado la aprobación de dicha normativa. A pesar de ello, persisten los esfuerzos por proteger este patrimonio frente al avance urbano y turístico. Los arqueólogos destacan que algunas estructuras ya han sido afectadas por el aumento del nivel del mar, asociado al cambio climático, lo que refuerza la urgencia de preservar estos bienes culturales.

Un sistema único en el mundo

Aunque existen corrales marítimos en otros países como Chile, Australia, Islandia y España , los expertos aseguran que ninguno se compara con los de Ligüiqui en términos de escala, complejidad y organización . “Aquí observamos un sistema de mayor alcance y especialización que en cualquier otro sitio”, afirmó el profesor Olmo.

El diseño estratégico de estas estructuras refleja un conocimiento avanzado del entorno marino y una gestión eficaz de los recursos . Su preservación permite no solo comprender mejor el pasado prehispánico ecuatoriano, sino también promover prácticas sostenibles de aprovechamiento del mar.