La crisis en el sistema carcelario de Guayaquil alcanza un nuevo nivel de alarma tras las reveladoras imágenes compartidas por la prensa independiente. La periodista de investigación Karol Noroña utilizó sus plataformas oficiales para visibilizar una realidad perturbadora: el hallazgo de una "sopa con ratón" en las raciones destinadas a los privados de libertad. Esta situación pone en entredicho la gestión estatal sobre el control y la dignidad humana dentro de los centros de reclusión del país.
El reporte surge específicamente desde la cárcel regional de Guayaquil y la Penitenciaría del Litoral, complejos donde la sopa con ratón se ha convertido en el símbolo de una insalubridad extrema. Según la comunicadora, esta exposición gráfica busca cuestionar las afirmaciones gubernamentales sobre el modelo penitenciario. La denuncia pública recalca que, lejos de ser un referente regional, el sistema enfrenta deficiencias básicas que atentan directamente contra la vida de los internos de forma sistemática.
Extorsión y precariedad alimentaria
Más allá de la presencia de una sopa con ratón, Noroña detalló un esquema de corrupción en la distribución de insumos. En la Penitenciaría del Litoral, los internos se ven obligados a pagar 10 dólares a los denominados "voceros" de las bandas criminales para acceder a una ración completa de comida. Esta extorsión interna agrava la vulnerabilidad de quienes no poseen recursos, evidenciando que el control de la alimentación está bajo el mando de estructuras delictivas.
Este escenario de corrupción y la ingesta de alimentos como la sopa con ratón ocurren en un entorno de abandono sanitario. La periodista enfatizó que la falta de alimentos adecuados convive con una realidad donde la muerte es frecuente. El hambre se suma a las amenazas constantes, transformando el derecho básico a la alimentación en un privilegio transaccionado por grupos que operan con total impunidad dentro de los pabellones.
Enfermedades y muertes en el sistema carcelario
La gravedad de recibir una sopa con ratón es solo la punta del iceberg de una crisis sanitaria mayor. En su publicación, Noroña vinculó la mala calidad de la comida con el aumento de casos de tuberculosis y cuadros severos de desnutrición entre la población penal. El deterioro físico de los reclusos es evidente, mientras el sistema parece ignorar las necesidades médicas urgentes y las condiciones mínimas de supervivencia en estos centros de reclusión.
La denuncia no solo se limita a la "sopa con ratón", sino que menciona incidentes de ahorcamientos, lo que sugiere un ambiente de violencia desbordada. La comunicadora cerró su intervención preguntando a quién beneficia la persistencia de esta realidad tan cruda. El cuestionamiento deja abierta la discusión sobre la responsabilidad del Estado en la custodia y protección de los derechos humanos de las personas detenidas.
Por su parte, el Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de la Libertad y a Adolescentes Infractores (Snai) aún no se ponuncia al respecto.