La alergia a la proteína de leche de vaca es una enfermedad que afecta principalmente a los niños menores de un año y que puede pasar desapercibida o confundirse con otras afecciones digestivas frecuentes de la infancia. Así lo explicó Jeiner Alvarado, gastroenterólogo pediatra, en entrevista con Manavisión Plus, donde enfatizó la importancia de reconocer sus manifestaciones clínicas para iniciar un tratamiento oportuno y evitar complicaciones en el desarrollo del menor.
El especialista aclaró que esta patología no debe confundirse con la intolerancia a la lactosa, ya que ambas tienen causas completamente diferentes. Mientras la alergia corresponde a una reacción anormal del sistema inmunitario frente a componentes presentes en la leche de vaca, la intolerancia se produce por la disminución o ausencia de lactasa, la enzima encargada de digerir la lactosa o azúcar de la leche.
Según explicó, esta diferencia es fundamental porque muchas familias llegan a consulta convencidas de que sus hijos presentan intolerancia cuando, por la edad y los síntomas, el cuadro clínico corresponde a una alergia que requiere otro tipo de manejo nutricional y seguimiento médico.
Los primeros signos suelen aparecer durante los primeros meses
El médico señaló que la alergia a la proteína de leche suele manifestarse desde las primeras semanas de vida. Los bebés pueden presentar cólicos intensos, irritabilidad constante, llanto prolongado y dificultad para mantenerse tranquilos incluso cuando son cargados por sus padres.
A esos síntomas se pueden sumar alteraciones digestivas como deposiciones líquidas, presencia de moco o sangre en las heces, distensión abdominal y regurgitaciones frecuentes. En algunos casos, el cuadro puede confundirse con reflujo gastroesofágico, lo que retrasa el diagnóstico si no existe una valoración especializada.
En las formas más severas también pueden aparecer lesiones cutáneas, inflamación del rostro, ronchas y dificultades respiratorias derivadas de una respuesta inmunológica más intensa. Por esa razón, el médico recomendó acudir de inmediato a un especialista cuando un menor presente síntomas persistentes o cambios importantes en su estado general.
El diagnóstico depende de la evolución clínica
De acuerdo con el gastroenterólogo pediatra, actualmente no existe una prueba específica de sangre o de laboratorio que confirme por sí sola esta enfermedad. El diagnóstico se basa principalmente en la historia clínica del paciente, la evaluación médica y la respuesta observada cuando se eliminan los lácteos y sus derivados de la alimentación.
En los bebés alimentados exclusivamente con leche materna, la estrategia consiste en modificar temporalmente la dieta de la madre, retirando alimentos que contengan leche o sus derivados y observando si los síntomas desaparecen durante varias semanas. Posteriormente, una reintroducción controlada permite confirmar si existe relación entre el consumo de esos productos y la reaparición del cuadro clínico.
Cuando la lactancia materna no es posible o resulta insuficiente, existen fórmulas especialmente diseñadas para pacientes con esta condición. Alvarado recalcó que no deben utilizarse fórmulas convencionales como reemplazo, debido a que muchas contienen componentes que mantienen la reacción alérgica.
Un tratamiento oportuno favorece el crecimiento del niño
El especialista explicó que la detección temprana resulta clave porque un niño que permanece con inflamación intestinal por una alergia no diagnosticada puede tener dificultades para absorber correctamente los nutrientes necesarios para su desarrollo.
Como consecuencia, algunos pacientes presentan una inadecuada ganancia de peso, irritabilidad continua y molestias digestivas que afectan su bienestar y calidad de vida. En contraste, cuando el tratamiento se inicia a tiempo, la evolución suele ser favorable y la mayoría de los menores supera la enfermedad conforme crece.
Además, indicó que esta condición suele resolverse con el paso de los meses o durante los primeros años de vida, dependiendo del tipo de respuesta inmunológica de cada paciente. Por ello, insistió en la necesidad de mantener controles médicos periódicos y seguir las indicaciones profesionales antes de reincorporar alimentos con proteína de leche.
Evitar remedios caseros y acudir al especialista
Durante la entrevista, Alvarado también llamó la atención sobre prácticas tradicionales como el uso de aguas aromáticas o preparados caseros para aliviar los cólicos en los bebés. Advirtió que estos productos pueden ocasionar alteraciones digestivas, deshidratación e incluso complicaciones de mayor gravedad, por lo que desaconsejó completamente su utilización.
Respecto a la alimentación complementaria, recordó que debe iniciarse únicamente cuando el niño reúna las condiciones físicas necesarias y siempre bajo orientación médica. Asimismo, recomendó introducir los alimentos de forma progresiva y respetando las etapas del desarrollo infantil.
Finalmente, reiteró que la alergia a la proteína de leche es una condición transitoria en la mayoría de los casos y que la paciencia de los padres, junto con una atención médica especializada, permite controlar los síntomas y favorecer una adecuada recuperación. También insistió en que cambiar repetidamente de fórmula o automedicar al bebé no resuelve el problema y puede retrasar el diagnóstico correcto de esta reacción asociada a la proteína de leche.
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